Archive for marzo 20th, 2009

20
mar

El escorpión y la rana

   Posted by: Sebastián    in Un cuento una enseñanza

Un escorpión quería cruzar un río para lo cual pidió a una ranita que lo llevase a su espalda. Esta se negó: “si lo hago me picarías”. Pero el escorpión argumentó: “no lo haré, ten presente que si te picara ambos nos hundiríamos y moriría yo también”.
A la rana la pareció una explicación suficiente así que el escorpión se subió a su espalda y empezó a nadar. Al llegar al medio del río, el escorpión clavó su aguijón a la rana. Cuando se hundían pregunto: “¿por qué lo has hecho, vamos a morir los dos?”, a lo que el escorpión contestó: “lo siento, pero es mi naturaleza”.

Todos tenemos una naturaleza profunda a la que es imposible traicionar o eludir. El escorpión picó a la rana a pesar de que sabía que le acarrearía la muerte, porque esa era su naturaleza: no podía evitarlo. Todos nosotros tenemos una naturaleza divina, estelar, trascendente-como queramos llamarla-que va más allá de nuestra existencia orgánica.
Y antes o después esa naturaleza se revelará. Tal vez pase mucho tiempo y haya que esperar a que encontremos una rana que nos ayude a cruzar el río. Pero si el río del cuento lo asimilamos a ese otro río mítico que en muchas mitologías y religiones separa el mundo de los vivos del de los muertos, y si a la rana la asimilamos con el cuerpo físico, resultará que nuestra verdadera naturaleza espiritual representada por el escorpión también se revelará cuando llegue la muerte: es inevitable.

20
mar

La taza de té

   Posted by: Sebastián    in Un cuento una enseñanza

En cierta ocasión un hombre fue a visitar a un anciano que estaba considerado como un maestro iluminado…Llevaba la intención de poder ser discípulo suyo y aprender de su conocimiento. Cuando llegó a su presencia, manifestó sus intenciones pero no pudo evitar dejar constancia de su experiencia en la búsqueda y de sus logros. En un momento de la visita, el maestro lo invitó a una taza de té. Cuando la humeante tetera llegó a la mesa, el anciano empezó a servir la infusión sobre la taza de su invitado. Inmediatamente la taza comenzó a rebosar, pero el maestro continuaba vertiendo té impasiblemente, de tal modo que el líquido alcanzó el suelo.
-¿Qué haces?- clamó el hombre-¿No ves que la taza está ya llena?
-Ilustro esta situación- contestó el maestro- tú, al igual que la taza, está lleno de tus propias creencias y opiniones ¿De qué serviría que yo tratara de enseñarte nada si antes no te vacías?

 

Solemos mostrarnos como el hombre de la historia zen. Decimos que queremos aprender, pero no es verdad. Habitualmente buscamos personas que nos confirmen que nuestro conocimiento es el “auténtico”, y si sus opiniones no coinciden con lo que “ya sabemos” o entran en conflicto con nuestras creencias, las relegamos como falsas. Incluso a veces buscamos el reconocimiento o el aplauso de otros a los que intentamos demostrar el nivel que ya hemos adquirido. También en otras ocasiones lo que deseamos es la confrontación, la polémica que nos permita dejar constancia de “donde estamos” y “quienes somos”. Pero es muy difícil vaciarse. Ya se señala en todas las tradiciones la dificultad del “aprender a aprender”. Y este proceso pasa por las etapas del desaprendizaje. Toda adquisición de conocimiento verdadero pasa inevitablemente por una desestabilizante, pero precisa y preciosa, fase de retorno al “desconocimiento”, a la inocencia. Un requisito indispensable, sin el cual según muestra el cuento, ningún aprendizaje es posible.

20
mar

La llave perdida

   Posted by: Sebastián    in Un cuento una enseñanza

Una noche, un hombre que regresaba a su casa encontró a un vecino debajo de una farola buscando algo afanosamente.
-¿Qué te ocurre?- preguntó el recién llegado.
-He perdido mi llave y no puedo entrar en casa- contestó este.
-Yo te ayudaré a buscarla-
Al cabo de un rato de buscar ambos concienzudamente por los alrededores de la farola,
el buen vecino preguntó:
-¿Estás seguro de haber perdido la llave aquí?-
-No, perdí la llave allí- contestó el aludido señalando hacia un oscuro rincón de la calle.
-Entonces ¿qué haces buscándola debajo de esta farola?-
-Es que aquí hay más luz-

Esta clásica historia sufí, muestra una pauta de conducta muy habitual en personas involucradas en el camino del conocimiento y que representa un obstáculo nada desdeñable: buscamos donde sin duda hay más luz, pero donde nada encontraremos porque nada se nos perdió allí. La enseñanza es clara y precisa y se centra en la pérdida de contacto con la realidad. Sabemos que la cotidianidad es dura, aburrida, y difícil, pero es justo en esa realidad cotidiana del día a día junto a las personas que nos rodean, donde se encuentra la llave – la clave- que nos permitirá entrar en nuestra casa, en nuestra intimidad, en definitiva, en nosotros mismos.

Hay otros lugares y personas más confortables, menos cotidianos y seguro que menos aburridos que pueden aportarnos muchas cosas y en donde es mucho más fácil buscar. Lástima que ellos no tengan la llave. Suele estar en el lugar más oscuro y a menudo sólo nosotros, en lo más profundo, sabemos donde se encuentra. El trabajo, la familia, la pareja, los amigos…lo de todos los días. Todo aquello que representa el entorno donde habita lo menos brillante y atractivo. Está más oscuro: pero ahí sí está la llave.