Archive for marzo 29th, 2009

29
mar

Los dos caminantes y el burro

   Posted by: Sebastián    in Un cuento una enseñanza

Un abuelo y su nieto tuvieron que ir de viaje a una aldea cercana para visitar a unos familiares, y para hacer más llevadera la jornada se acompañaron de un borrico. El muchacho iba montado en el burro cuando al pasar por un pueblo oyeron a unos vecinos decir:
-¡Qué vergüenza! El joven tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie.
Al oír estas palabras decidieron que el abuelo iría en la montura y el nieto andando. Pero pasaron por otro pueblo y escucharon los siguientes comentarios:
-Vaya viejo egoísta, él tan tranquilo en el asno y el muchachito caminando.
Al escuchar estos nuevos reproches, decidieron que lo mejor sería montar los dos al jumento y así pasaron por otro pueblo en donde los vecinos gritaron:
-¡Eh, vosotros¡ ¿No tenéis compasión del pobre animal? ¡Con los dos subidos encima vais a reventarlo!
Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería que ambos continuaran el viaje a pie. De este modo llegaron a otro pueblo y oyeron decir:
-¿Habéis visto a ese par de idiotas?, ¿Cómo se les ocurre ir andando teniendo un burro?

Este cuento ejemplifica la importancia de ser cuidadoso a la hora de tomar en consideración las opiniones ajenas, especialmente cuando estas provienen de la superficialidad, la improvisación o el interés.
Pero también muestra otra cosa: todo es criticable, todo es censurable. Somos capaces de criticar cualquier cosa con independencia de lo que se trate: basta para ello con desconectar la acción del entorno en el que se ejecuta y, sobre todo, cargarla con una intencionalidad maliciosa susceptible de crítica: el resultado es demoledor. Lo podemos ver a diario a nuestro alrededor. Usted puede hacer la prueba consigo mismo. Si un día se dedica a quedarse en casa tumbado en el sofá dormitando puede criticarse a fondo por ser un gran vago que ha desperdiciado una jornada aprovechable. Sin embargo puede decidir dedicar ese mismo día a realizar un montón de tareas pendientes y criticarse luego por no ser ni siquiera capaz de parar un instante y tomarse un día de descanso que su cuerpo y mente necesitan.

¿En qué momento se detiene la crítica sobre nosotros mismos y sobre los demás?

29
mar

La túnica que se quedó a comer

   Posted by: Sebastián    in Un cuento una enseñanza

Cierto día un hombre fue invitado a comer al palacio de unas personas muy ricas y llegó al ágape ataviado con unas ropas sencillas. Al instante, advirtió que los anfitriones eludían saludarlo y que los criados evitaban servirlo.
Como vivía cerca, decidió regresar a su casa y se vistió en esta ocasión con una túnica cara. Así volvió al palacio y entonces los anfitriones lo saludaron cortésmente y los sirvientes se inclinaron ante él con respeto.
Cuando llegó el momento de la cena, el hombre se quitó la lujosa túnica y la arrojó en medio de la mesa del banquete ante la sorpresa de todos los asistentes.

- ¿ Por qué haces eso ? -le preguntaron los dueños de la casa.
- Ha sido la túnica y no yo la que ha recibido vuestro respeto y atenciones, así que sea ella la que se quede a comer.

Y dicho esto, el hombre abandonó aquella casa a la que no regresó jamás.

La sociedad en que vivimos siente un desmedido afán por las apariencias, incluso se habla de objetos de representación y de la imagen social. En realidad estamos rodeados y somos cómplices de un verdadero culto a la hipocresía. Muchas veces la apariencia se percibe antes que lo real y por eso se privilegia, es comprensible, pero lo malo es cuando se sabe que algo es solo aparente y que esconde o disfraza lo real y también se privilegia. Es el triunfo de la imagen, de lo que parece pero no es.
Sin embargo la imagen, el vestido del cuento, puede ser respetada por los dueños ricos de la casa (también apariencias) y quedarse a la mesa, pero no puede comer, no puede participar de lo auténtico ni nutrirse de lo verdadero: de lo que llena con plenitud lo que somos.
Es nuestra libertad elegir entre lo aparente o lo auténtico aunque gracias a este sencillo cuento sabemos que lo aparente nunca nos dejará satisfechos:
Por mucho que sentemos a la túnica en la mesa, jamás podrá alimentarse.