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	<title>Tradición Original &#187; Tradición Original</title>
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	<description>Un Blog de Sebastián Vázquez</description>
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		<title>Tradición Original (V) El Maestro II</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 21:59:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
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		<description><![CDATA[  Ocurre que la presencia de un Maestro vivo es, por su propia naturaleza, desestabilizante. En primer lugar porque no suelen responder a los estereotipos e imágenes idealizadas que comúnmente se tienen respecto a un Maestro; en segundo lugar porque su presencia, siempre difícil, te remite siempre a ti mismo de un modo descarnado, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  Ocurre que la presencia de un Maestro vivo es, por su propia naturaleza, desestabilizante. En primer lugar porque no suelen responder a los estereotipos e imágenes idealizadas que comúnmente se tienen respecto a un Maestro; en segundo lugar porque su presencia, siempre difícil, te remite siempre a ti mismo de un modo descarnado, y en tercero lugar porque te ubica ante la cuestión de diferenciar su naturaleza humana, con toda su carga de contradicciones, de la de su función de Maestro y guía, cuestión esta ante la que el aspirante a discípulo ha de poner en juego, como mínimo, tanto su sinceridad como su libertad, puesto que la exigencia final es la impecabilidad y solo en el intento de ese logro, la relación con la  figura del Maestro puede empezar a ser correcta.<br />
 Ello se debe a que un Maestro vivo lo comporta todo y justo ese “todo” es lo que cuesta asumir.<br />
Y por último, un verdadero Maestro te hará ver que en realidad no sabes nada y esto, para muchas personas, es especialmente duro. Hay que considerar que los <em>buscadores</em> suelen pasar una buena parte de sus vidas precisamente acaparando tanto buen número de experiencias en distintas prácticas como de conocimientos filosóficos, psicológicos, esotéricos, etcétera, por lo que según su nivel de autocomplaciencia o de importancia personal, antes o después  sacan la conclusión de que <em>ya saben cosas</em> y de que <em>ya han llegado a algún sitio.<br />
</em>Repito, no es fácil darse cuenta de que no sabes nada y de que ni siquiera te has movido de donde estabas. Por este motivo es curioso ver como muchas personas se acercan a un Maestro pero únicamente para que este les confirme lo mucho que saben y de que efectivamente les verifique que están “avanzadas” y de este modo poder seguir con la <em>búsqueda</em>, evitando así el potente impacto y el compromiso del <em>encuentro</em>. Este tipo de persona es la que cuando escucha a un Maestro se congratula de <em>saber ya exactamente</em> lo que dice el Maestro y de ya <em>estar haciendo exactamente</em> lo que hace el Maestro. Desde luego siempre será más confortable continuar siendo un pequeño instructor de cualquier disciplina o seguir instalado en un cómodo estatus de <em>buscador experto</em>.  <br />
 Y por esta razón siempre ha sido mucho más sencillo buscar que encontrar.<br />
 ¿Y como se reconoce un Maestro?<br />
La respuesta es que tú no lo reconoces, él te reconoce a ti. <br />
Tú no lo eliges como Maestro, él te elige a ti.<br />
Y además no puedes hacerlo, pues en la medida en que tú más intentes reconocerlo según las pautas mentales que cada uno tenga de su “retrato ideal de maestro”, él más evitará que lo hagas salvo que explícitamente te lo permita.<br />
Todo sería más fácil si lucieran túnicas blancas o si con perenne sonrisa bondadosa dijeran siempre lo que cada uno quiere oír o dieran bienintencionados, cálidos y hermosos mensajes de fraternidad universal. O si hicieran milagros y prodigios extraordinarios. O nos prometieran que nosotros podremos hacerlos.<br />
O si se comportaran como suponemos, y esperamos, que deben comportarse los Maestros.<br />
 Sin embargo no se comportan como esperamos y además no se prodigan en darle palmaditas en la espalda al <em>ego</em> de los discípulos. Incluso muchos esconden su condición de tales o se muestran, de modo voluntario, con conductas muy alejadas de las que se supone a un Maestro.<br />
 Sin embargo es inútil y estéril juzgarlos o intentar comprender su conducta. Cuando lo hacemos es siempre desde el ego, lo cultural, la mente no iluminada. Obviamente no se puede: ellos se mueven desde lo Real.<br />
¿Y qué hace un Maestro? Pues dicho de un modo simple, guiarte en la Vía. Y puede hacerlo porque él lo ha hecho ya antes y la ha recorrido.<br />
 Pero la noticia es que su guía es sencillamente imprescindible. Al principio no lo sabes pero más tarde lo descubres. Es como un náufrago perdido de noche en medio del mar: no sabe adónde ir ni cómo. Lo normal es que nade sin rumbo y se agote, luego se desespere y al final muera ahogado. Sin embargo si apareciese alguien con una barca, una lámpara y que además supiera llegar hasta la orilla, el náufrago lloraría de agradecimiento y bendeciría su presencia. Ese es el Maestro, tiene la barca de la enseñanza, posee la luz de la iluminación y además sabe bien adónde ir pues él ya ha estado.<br />
 Ignoro si volverá alguna vez el tiempo en el que “encontrar” a un Maestro verdadero era para muchos una tarea de vida a la que se dedicaba tiempo y esfuerzo.</p>
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		<title>Tradición Original (V) El Maestro I</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 21:48:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
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		<description><![CDATA[  De todos es sabido que en occidente la sola mención del término “Maestro espiritual” suele provocar una reacción de sospecha e incluso de franco rechazo. Sin embargo, si apelamos a la historia o al presente de muchos países de Oriente, no se concibe iniciar una vía espiritual sin la guía de un Mestro vivo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  De todos es sabido que en occidente la sola mención del término “Maestro espiritual” suele provocar una reacción de sospecha e incluso de franco rechazo. Sin embargo, si apelamos a la historia o al presente de muchos países de Oriente, no se concibe iniciar una vía espiritual sin la guía de un Mestro vivo o en el seno de una escuela tradicional sin olvidar que en un pasado no muy lejano la búsqueda de un Maestro de la Vía era sencillamente algo incuestionable e indiscutible para alguien que aspirase a la realización.<br />
 Las razones de este rechazo son muchas. Es obvio que en lo que concierne a los fieles de las llamadas “religiones del libro” este concepto de maestro está proscrito ya que todas ellas consideran que la <em>Revelación</em> está completa y perfecta &#8211; cada uno desde su particular sistema de creencias- por lo que lógicamente la figura del maestro no tiene sentido al no ser necesaria. La desconfianza, por otro lado es lógica ya que hay que recordar la aparición cada cierto tiempo de autodenominados maestros o mesías que no son más que farsantes que provocan una acumulación de sospechas y desengaños.  Pero también muchas personas que se consideran “buscadores” participan de este rechazo. Esto se debe en parte a la propagación en los últimos tiempos de determinadas ideas confusas que se difundieron, y aun se difunden, bajo el paraguas de eso que se ha venido a llamar <em>new age</em> y que en realidad no es más que un enorme zoco en el que cabe todo y que se encuentra habitualmente plagado de una mezcla de conceptos tomados de distintas culturas y religiones a los que se les ha alejado de su contexto y se les ha convertido en ideas <em>sencillas y digeribles</em> listas para un consumo rápido y sin mucho esfuerzo, pero que han quedado carentes de su significado original.<br />
 Una de estas ideas propagadas por la <em>new age</em> es aquella que afirma que todos estamos ya iluminados, que somos maestros de nosotros mismos y que en realidad <em>no debemos hacer gran cosa</em> para lograr resultados positivos bien sea en la vida de cada día, bien sea en la senda espiritual.<br />
Obviamente, desde esta perspectiva un Maestro espiritual se convierte en algo innecesario y en la medida en que una persona vaya encontrando instructores competentes en las distintas prácticas o estudios que curse considerará que avanza adecuadamente y se sentirá reconfortado.<br />
 Sin embargo hay un problema.</p>
<p>La realidad es que no estamos iluminados, pues si lo estuviéramos nos comportaríamos como iluminados y solo basta leer los diarios para darse cuenta de que el comportamiento del ser humano está muy alejado de una conducta iluminada.<br />
 Otra cosa es que tengamos la potencialidad de la iluminación a la espera de ser despertada y para eso siempre se ha contado con la presencia de un Maestro que te vincule a la Vía y un Trabajo que vaya, poco a poco, permitiéndote avanzar en ella.<br />
 Y tampoco somos maestros de nosotros mismos por el mismo argumento. Como dijo Buda y recordé en una entrega anterior, “la verdad es aquello que produce resultados” y nuestros <em>resultados</em> no son precisamente los de un maestro.<br />
 También es paradójico observar como a los Maestros ya fallecidos-especialmente si han transcurrido algunos siglos desde su muerte-se los cita con respeto, admiración e incluso devoción siendo unos referentes espirituales de primer orden. Maestros de la talla de Sankara, Rumi o Dogen, por citar solo algunos, han sido y son fuente de inspiración imprescindible para cualquiera que desee percibir el perfume de la Vía, pero me pregunto si hoy, estando vivos en la actualidad, concitarían el mismo respeto o si por el contrario serían también víctimas de la sospecha general más allá de su reducido grupo de discípulos. Personalmente me inclino ante esta segunda opción. <br />
 Como hemos visto el marco actual no es el más propicio para la figura del Maestro: desconfianza, sospecha, ignorancia sobre su función, idea de que su presencia y guía nos son necesarias…Sin embargo ocurre que para iniciarte en la Vía y transitar en ella, la guía de un Maestro es IMPRESCINDIBLE.</p>
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		<title>Tradición Original (IV) La Vía</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2009 23:29:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tradición Original]]></category>

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		<description><![CDATA[Para comenzar a hablar de la Vía hay que comprender primero una aparente paradoja. Se dice que hay miles de vías y que todas llegan al mismo lugar: es cierto. Se dice que hay solamente una única vía: es cierto también. Para explicar esto debemos resaltar que en la Vía, el sujeto es siempre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para comenzar a hablar de la Vía hay que comprender primero una aparente paradoja.<br />
Se dice que hay miles de vías y que todas llegan al mismo lugar: es cierto.<br />
Se dice que hay solamente una única vía: es cierto también.<br />
Para explicar esto debemos resaltar que en la Vía, el sujeto es siempre el mismo, el ser humano. Un ser humano que está constituido de un modo preciso y en el que sus órganos y funciones son, en esencia, iguales para todos. Es decir, tiene un corazón, un cerebro, unos pulmones, unos tejidos, una sangre, unos huesos, etc.<br />
En tanto que la <em>Obra</em>, se realiza en el hombre y afecta y participa de lo orgánico, el proceso es prácticamente idéntico para todos, con una metodología y unos pasos bien definidos. Por eso podemos afirmar que la Vía es Una ya que la Verdad es Una.<br />
Tomemos el ejemplo de la respiración. Una persona puede tener unos pulmones con mayor o menor capacidad, respirar más o menos relajadamente, tener una respiración más superficial o más profunda, étc, pero lo cierto es que, básicamente, la respiración es igual en todos los seres humanos y el proceso es el mismo: contamos con los mismos órganos, participan los mismos elementos, se produce la misma mecánica, étc.<br />
Bien podemos decir que la respiración es una, y lo mismo vale decir para el sistema circulatorio, reproductor, étc.<br />
Valgan estos símiles para explicar que el proceso, o proceso iniciático como comunmente lo conocemos, es también esencialmente igual para los seres humanos y sigue una secuencia de etapas que ni se saltan ni se eluden del mismo modo que un ser humano no puede pasar de la infancia a la madurez sin pasar previamente por la juventud. De hecho, el camino iniciático sigue cierto paralelismo con el crecimiento orgánico natural de un ser humano. Por eso cada etapa tiene su propio aprendizaje y sus características definidas: un niño antes de correr debe aprender a ponerse de pie y dar sus primeros pasos, o una mujer antes de ser madre debe haber tenido su primera ovulación.<br />
Respecto a que hay muchas vías también es cierto. Me refiero a vías que permitan al sujeto <em>iniciar</em> el viaje a condición de que funcionen. Si voy a realizar un viaje en coche da igual el tipo o marca de coche que use con tal de que funcione. Unos serán más rápidos, otros más seguros y otros más grandes pero lo importante es que funcionen, que me permitan llegar a mi destino.<br />
Como dijo Buda, <em>la Verdad es aquello que produce resultados.</em><br />
Y una verdadera Vía produce resultados.</p>
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		<title>Tradición Original (III) Necesidad</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2009 18:43:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay un dicho sufí que dice: indigente, incrementa tu necesidad. Un buscador tiene necesidad y esa misma necesidad es la que lo mueve y estimula.. No me refiero solo a aquellos que legítimamente buscan recompensas emocionales, teorías con las que excitar la mente, experiencias que lo alejen de la monotonía y el aburrimiento de lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay un dicho sufí que dice: indigente, incrementa tu necesidad.<br />
Un buscador tiene necesidad y esa misma necesidad es la que lo mueve y estimula..<br />
No me refiero solo a aquellos que legítimamente buscan recompensas emocionales, teorías con las que excitar la mente, experiencias que lo alejen de la monotonía y el aburrimiento de lo cotidiano, que le ofrezcan la oportunidad de sentirse diferente y exclusivo o de encontrar modos de dar salida a la vanidad o a cualquier otra clase de pulsión o conflicto. Todo esto puede estar presente -y de hecho lo está- en un buscador, pero lo que lo caracteriza es precisamente esa <strong>necesidad</strong>. También los buscadores han seguido más o menos los mismos pasos y conocen lugares comunes en los que poderse reconocer: meditación, yoga u otras disciplinas orientales, estudios esotéricos, prácticas psicofísicas, exploración de estados alterados de conciencia, rituales de todo tipo, energías, entidades incorpóreas, energías sutiles&#8230;<br />
Muchas personas se sienten cómodas y felices como buscadores y para ellos eso es suficiente. Sienten que avanzan, que son mejores o que saben más cosas que los demás, incluso muchos, después de un tiempo, ejercen de precursores y guías de otros buscadores novatos. Algunos profundizan y se hacen expertos en determinadas disciplinas que les son valiosas y gratificantes y otros, en cambio, prefieren experimentar y estudiar varias distintas. Pero a pesar de ser muchas de estas prácticas y estudios de gran valor y sumamente interesantes, un cierto tipo de buscador sigue buscando.<br />
Posiblemente no sepa definir el objeto de su búsqueda pero sin embargo sí se da cuenta de lo que no le satisface, sabe que no ha sido llenado, constata que una y otra vez su necesidad sigue presente, activa, a pesar de que ciertas prácticas hayan momentáneamente mitigado esa necesidad. Pero tiene hambre y sed reales. Por tanto solo termina su búsqueda cuando <strong>lo real</strong> aparece.<br />
A alguien con hambre no se le sacia solo con las fotos de los platos de un restaurante. Necesita comer: necesita ingerir alimento.<br />
Y entonces, solo a partir de la verdadera necesidad de <strong>lo real</strong> puede aparecer la <strong>llamada</strong> y ser iniciado en la <strong>Vía.</strong></p>
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		<title>Tradición Original (II) Búsqueda espiritual</title>
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		<pubDate>Sun, 10 May 2009 18:40:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tradición Original]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas de las personas que en algún momento de sus vidas se han definido como buscadores, intuyen o descubren que, efectivamente, parece existir un Fuente original de conocimiento que a veces, y siempre de manera discreta, se muestra de distintas formas pero que, de algún modo, se puede reconocer. Se percibe como algo que va [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas de las personas que en algún momento de sus vidas se han definido como buscadores, intuyen o descubren que, efectivamente, parece existir un <strong>Fuente original de conocimiento</strong> que a veces, y siempre de manera discreta, se muestra de distintas formas pero que, de algún modo, se puede reconocer.<br />
Se percibe como algo que va más allá de la mera documentación académica acumulada en lecturas; que va mucho más lejos de pequeñas o grandes experiencias vitales, sensoriales o de estados alterados de conciencia; que es mucho más grande y potente que la información que puedan manejar personas versadas, sensibles y experimentadas en distintas técnicas, escuelas o saberes. Que no tiene que ver tampoco con lo abstracto, con la especulación, con el resultado de experiencias subjetivas, en definitiva, con los códigos que habitualmente manejamos y a los que estamos habituados. Y se intuye que el conocimiento, el verdadero conocimiento, es cualitativamente diferente. Suena y resuena de otro modo.<br />
Se percibe como algo auténtico. Como real. Como algo susceptible de ser ejecutivo y operativo.<br />
Pero ¿qué es la <strong>Búsqueda espiritual</strong>?<br />
Podemos decir que es un término impreciso que trata de definir un estado interior que va desde el desasosiego a la nostalgia, desde la necesidad de plenitud a la angustia por encontrar respuestas, desde un íntimo e inexpresable deseo de paz y justicia a la sensación de estar desubicado. Añádase a esto una inquietud trascendente y una religiosidad íntima difícil de precisar.<br />
Y sin embargo este estado interior que mueve hacia esa <em>búsqueda</em> es compartido por millones de personas en el mundo.<br />
Sus señas comunes de identidad son las de no conformarse con la &#8220;uniformidad&#8221; de creencias y reglas que proponen las religiones establecidas por un lado, y por el otro, el de no conformarse tampoco con el simplista planteamiento del positivismo científico que proclama que venimos de la materia, somos materia y volvemos a la materia y, además, todo ello como producto del azar.<br />
Algunas personas son capaces de reconocer esta demanda de búsqueda y dedican su vida a ella y en otras, su inquietud queda sepultada bajo la necesidad de atender a las exigencias de la vida.<br />
Pero estos buscadores ¿qué buscan? ¿la verdad?¿ dar respuesta a las clásicas preguntas existenciales? ¿a Dios? ¿o sencillamente nada más ni da menos que la suma de todo?</p>
<p>El nombre con el que la historia conoce esa Fuente mencionada al principio es el de La Tradición o Tradición Original.<br />
Dicha Tradición Original, como expliqué, está en el origen de las religiones, de movimientos y órdenes espirituales. Es la estructura jerárquica y real responsable del desarrollo espiritual de ser humano.<br />
Porque el conocimiento está vigente, es algo vivo, real, actual. No es algo perdido en pasados remotos ni oculto en lugares inaccesibles. Lógicamente este conocimiento también podemos encontrarlo en todas las épocas y, como dije, principalmente en las religiones-tanto en las aún vivas como en las desaparecidas- aunque fragmentado y deteriorado por el paso del tiempo.<br />
Creo que es honesto que ustedes sepan que quién esto escribe lo hace desde dentro, e inmerso-en la medida de mi capacidad-en El Trabajo o La Vía en el seno de la Tradición Original desde hace ya casi dos décadas.<br />
Algunos de ustedes encontrarán en este hecho un sesgo capaz de provocar una visión tendenciosa y falta de objetividad, otros en cambio podrán apreciar el cambio sustantivo que significa que el narrador conozca lo narrado no desde la fría perspectiva de un espectador pasivo sino desde el privilegio de la experiencia.<br />
Sin embargo trataré de ceñirme lo máximo posible a una mirada lo más <em>periodística</em> posible y para ello empezaré por el principio: por la necesidad.</p>
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		<title>Tradición Original (I) ¿Qué es?</title>
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		<pubDate>Sun, 10 May 2009 18:35:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tradición Original]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre todas las culturas, religiones y pueblos se ha hablado siempre de un modo impreciso de algo denominado Tradición o Tradición Original. Muchas veces se la ha concebido como un grupo de Maestros, otras como una cofradía u orden y otras incluso como un pueblo anónimo que mora en algún lugar del planeta. De un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre todas las culturas, religiones y pueblos se ha hablado siempre de un modo impreciso de algo denominado Tradición o Tradición Original.<br />
Muchas veces se la ha concebido como un grupo de Maestros, otras como una cofradía u orden y otras incluso como un pueblo anónimo que mora en algún lugar del planeta. De un modo u otro, lo cierto es que a esta Tradición se la ha concedido siempre una función de Guardián y Depósito del Conocimiento desde tiempos inmemoriales.<br />
Otra de sus características ha sido la de protegerse con la discreción y a menudo el secreto y, cuando la necesidad así lo ha demandado, se muestra al exterior con formas y denominaciones diferentes.<br />
¿Podemos rastrear esta presencia exterior de la Tradición en momentos, lugares y situaciones reconocibles? La respuesta es sí.<br />
Un ejemplo puede ser el de algunas órdenes o cofradías medievales cristianas que realizaron tareas precisas en el curso de la historia y que una vez finalizada su función -con mayor o menor fortuna- dejaron la <em>cáscara</em> cada vez menos activa de sus estructuras en forma de ritos, símbolos, etc.<br />
Lo mismo se puede decir de órdenes sufíes, o grupos monacales cristianos o budistas que custodian aún formas de espiritualidad beneficiosas y que igualmente cumplieron y cumplen una función determinada.<br />
Asimismo también ocurre con personajes de muy diversa procedencia y acción en el mundo que llevaron en ciertos momentos a quienes quisieron escucharlos mensajes, enseñanzas o información útiles, correctos, honestos y necesarios.</p>
<p>Obviamente es en las grandes religiones donde la presencia de la Tradición se hace mucho más evidente. Si podemos contemplarlas lejos de sus posteriores añadidos dogmáticos o doctrinales y valorar adecuadamente la <strong>función</strong> para la cual dichas religiones fueron dadas al mundo, la perspectiva es muy diferente.<br />
En esta línea es evidente que debemos separar lo que es el fenómeno religioso creado por el ser humano y estructurado en las religiones organizadas- y necesario para tantas personas- con la religiosidad intrínseca del hombre que trasciende las religiones y se ubica en un escalón más alto.<br />
Es cierto que en los últimos tiempos parece que la religiosidad ha desaparecido prácticamente de la sociedad, pero en realidad este fenómeno en un producto cultural, del mismo modo que lo es la pertenencia de un individuo a una determinada religión, pues el hecho de seguir tal o cual fe obedece siempre- salvo escasas excepciones- al lugar y época de nacimiento de una persona.<br />
Sin embargo, y precisamente debido a ese origen, las religiones guardan &#8220;tesoros&#8221; de gran profundidad y belleza y, poco a poco, procuraré que queden expuestos en este blog.</p>
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