Archive for the ‘Un cuento una enseñanza’ Category

2
feb

El problema del monje

   Posted by: Sebastián

Un monje le dijo una mañana a su maestro que tenía un problema que deseaba comentar con él, y este le contestó que esperase hasta la noche.
Cuando llegó la hora de dormir, el maestro acudió al dormitorio y preguntó dirigiéndose a todos los discípulos:
- ¿ Donde está el monje que tenía un problema ? ¡ Que salga aquí ahora !
El aludido lleno de vergüenza dio un paso al frente. Al verlo, el maestro dijo:
- Monje, has aguantado un problema desde la mañana hasta la noche. Si tu problema hubiese sido que tenías la cabeza debajo del agua no habrías aguantado con él más de un minuto. ¿ Qué clase de problema es ese que has sido capaz de aguantarlo durante horas ?

Este breve cuento de origen zen nos ayuda a poner la mirada en  una situación que nos es común.
Muchas veces llamamos problemas a cualquier cosa. Somos expertos en convertir un pequeño contratiempo en un inconveniente, un inconveniente en una dificultad y, por fin, la dificultad la convertimos en un problema. Es decir, sin darnos cuenta en la mayoría de ocasiones, el pequeño contratiempo queda transformado en problema y como tal lo abordamos.
Y obviamente no es lo mismo afrontar un pequeño contratiempo que un problema. Nos solemos enfrentar a los inconvenientes y los contratiempos de modo ejecutivo, con el esfuerzo justo, sin aspectos emocionales añadidos, con el único objetivo de solucionarlos del modo más eficaz posible. Es cierto que muchos contratiempos son en verdad costosos y nos cuestan esfuerzo, sobre todo aquellos que interrumpen o modifican planes elaborados. Especialmente a quellos a los que les encanta hacer planes. Pero un problema, un verdadero problema es algo distinto.
El monje zen recibió de un modo directo una enseñanza ejemplar. Seguro que a partir de ese momento aprendió a diferenciar un inconveniente de un problema.

11
dic

El hombre sediento

   Posted by: Sebastián

Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días y a punto de morir de sed vio como se acercaba una caravana. Reuniendo fuerzas alcanzó a gritar:          
-Aguuua
-Pobre hombre, necesita agua. Rápido traigan un pellejo- dijo al verlo uno de los viajeros que parecía el jefe.
-¿Un pellejo? no, por Dios, este hombre no tiene fuerzas para beber en un pellejo, es mejor traer un cántaro- dijo otro.
-¡Qué complicación ! –exclamó un tercero- es mejor traer un cuenco de madera-
-Aaa..ggua- susurró el moribundo.
-Pero hombre- intervino otro viajero- ¿no recuerdan que tenemos un vino excelente? el vino le reanimará además de calmarle la sed.
-Vosotros os habéis vuelto locos- argumentó el jefe- ¿Cómo vamos a darle vino sin saber antes si es musulmán?
-Aaaa..gg..ua, por favor- imploró el sediento.
Los mercaderes de la caravana no terminaban de discutir.
-Señores, ¿de verdad piensan dar de beber a este hombre aquí, a pleno sol?, primero debemos llevarlo a la caravana y ponerlo cómodamente a la sombra…
A los viajeros no les dio tiempo a porfiar más: aquel hombre acababa de morir en sus brazos.

Este magnífico cuento ilustra a la perfección una necesidad muy importante para todo individuo que aspire a una cierta estabilidad emocional, a unas dosis de felicidad y a un desarrollo personal. Me refiero a ser capaz de diferenciar aquello que es sustancial de lo que es accesorio. Muchas veces nos distraemos con aspectos de la vida que en realidad son irrelevantes y no tomamos conciencia de factores que sí son realmente importantes.
¿Y cuales son esos valores ciertamente importantes ?  La verdad es que pocas preguntas tienen respuesta tan fácil. Respuesta que, por otra parte, ha sido señalada en muchas ocasiones en prácticamente todas las religiones y culturas: las personas. Los bienes materiales por los que a veces nos afanamos más allá de lo racional a pesar de tener sobradamente cubiertas las necesidades básicas, no son más que la periferia, lo accesorio de la vida, pero que suelen tener un enorme poder de seducción para la mente.
Pero las personas, es decir, tener alrededor personas a las que amar y ser amado por ellas es el mayor tesoro sobre la tierra y sin embargo solemos olvidar el cultivar y cuidar ese patrimonio.
No digamos si además esas personas atesoran virtudes, son intrínsecamente beneficiosas, si son buenas, inteligentes y sensatas, si sacan lo mejor de ti mismo solamente estando a su lado, si a personas así no las aprovechas porque te entretienes deslumbrado por el brillo falso de las baratijas mundanas, entonces el olvido de lo fundamental por lo accesorio, no solo será una estupidez, será prácticamente un morir en vida.

18
sep

El santuario y el burro

   Posted by: Sebastián

Un hombre era el respetado custodio de un santuario levantado sobre la tumba de un venerable santo. Un día, su hijo decidió emprender con su burro un peregrinaje por el mundo visitando lugares sagrados. Al cabo de varios años, envejecido y fatigado, el burro murió, y aquel peregrino decidió enterrarlo ya que había tomado afecto al animal que lo había acompañado tanto tiempo. Una vez dada sepultura al burro, decidió que su viaje había concluido pero antes pensó que era conveniente quedarse allí a descansar una temporada. 
Pero los que pasaban por el lugar, veían a un hombre de semblante noble en silencio al lado de aquella tumba y concluyeron que allí había enterrado algún santo anónimo sin duda excepcional, pues aquel al que sin duda consideraban su discípulo no se movía de allí hiciera frío o calor, lloviera o nevara. La noticia corrió por la comarca y muchos se acercaron a poner flores y ofrendas sobre la sepultura y cada vez más gente acudía al lugar mostrando gran devoción. Al poco, alguien tomo la iniciativa de edificar un santuario donde los fieles pudieran elevar plegarias e, incluso, se oyeron algunas voces que hablaban de milagros.
Nuestro peregrino, asombrado por la extraña actitud de los lugareños decidió regresar a su casa. Una vez de vuelta, narró a su padre lo acontecido con la tumba de su burro.
El padre calló un rato pero al fin dijo:
- Hijo mío, he de confesarte algo. Este santuario donde te criaste, por una sucesión de acontecimientos parecidos a los que me has contado, también fue erigido sobre la tumba de mi burro hace más de treinta años.

No todo lo que aparenta ser sagrado lo es; tampoco lo son en absoluto lugares declarados benditos y que la gente visita a millares – ahora también es común llamarlos “lugares de poder” – y asimismo muchas leyendas o tradiciones declaradas sagradas tampoco lo son. Como en el cuento, tienen muchas veces un origen casual, mundano y profano que nació de la superstición o la ignorancia cuando no de la mentira o de intereses de uno u otro signo.
Por el contrario hay lugares modestos y poco populares sí vinculados a la fuerza espiritual y hay relatos legendarios y tradiciones más desapercibidas que guardan grandes tesoros de conocimiento.
Como siempre, la capacidad de discernimiento se torna fundamental y se hace preciso evaluar los componentes culturales de las creencias así como el peso condicionante que suelen representar. Hoy día hay muchos y buenos ejemplos de lugares santos, de cualquier religión, visitados en masa por miles de personas y habitualmente convertidos en grandes mercados en los que se trafica con todo: desde los típicos recuerdos santos de patente fealdad, hasta las solicitudes de favores celestiales marcadas con pólizas en forma de votos y velas, pasando por el cumplimiento de rituales de “suerte”. Se suele argüir que la fe es la responsable de estos fenómenos.
Pobre fe. Me parece una palabra maltratada.
En el camino espiritual esa fuerza poderosa que es la fe, confianza( es decir: con fe) se muta en certeza ya que se fundamenta en la propia experiencia. Dentro del sufismo se mencionan tres etapas: conocimiento de la certeza, fuente de la certeza y verdad de la certeza. Pero dejemos por ahora a la gente de la Vía y recordemos aquellas palabras de Buda: “la verdad es aquello que produce resultados”.

16
jun

Cuento Chino

   Posted by: Sebastián

En China, un anciano decidió que antes de morir debía regresar a la tierra que lo vio nacer y de la cuál salió siendo un niño. Para ello se unió a una caravana de comerciantes que viajaban a esa comarca apartada y conocían la ruta. El viejo se encontraba ansioso:
- ¿Ya llegamos?
- No, todavía faltan muchas jornadas- contestaban los mercaderes.
Y así pasaban los días entre la monotonía de la marcha y la ansiedad del anciano. Pero una tarde le dijeron:
- Mira, esas colinas que ves ahí ya pertenecen a la tierra en la que naciste.
El anciano abrió mucho los ojos y su corazón empezó a latir aceleradamente. Un sinfín de emociones nacían en él.
Un poco más adelante se encontraron con unas casas derruidas.
- Seguro que entre estos muros jugaste de niño.
Al anciano se le nubló la mirada y vagos recuerdos infantiles afloraron en su memoria.
Avanzaron un poco más y se encontraron con un antiguo cementerio.
- Aquí estarán enterrados tus antepasados.
El viejo corrió hacia aquellas tumbas y postrado, lloró abiertamente. En su ánimo se mezclaban el respeto y veneración a sus ancestros con el recuerdo idílico de una infancia alegre y lejana.
Los mercaderes no pudieron por menos de conmoverse ante aquella escena, se miraron unos a otros y uno de ellos se dirigió a él que ahora había acabado su llanto y parecía estar en profundo y silente diálogo con sus muertos.
- Verás- carraspeó el mercader- tengo que decirte algo.
- Dime- levantó la vista el anciano.
El mercader miró al resto de sus compañeros y prosiguió:
- La verdad es que todo es una broma, todavía faltan dos semanas para llegar al lugar al que te diriges. Lo siento, pero nos aburríamos y…
Esa noche acamparon allí. El anciano había permanecido en silencio desde entonces y se había apartado de los demás que se hallaban alrededor del fuego.
El mismo mercader que le anunció la broma se acercó otra vez a él.
- En mi nombre y en el de mis compañeros quiero pedirte sinceras disculpas, queremos restituir la ofensa que te hemos hecho y para ello te pedimos que te unas al grupo en torno a la hoguera y que compartamos la cena como hemos hecho hasta hoy. Ninguno de nosotros sospechaba que ibas a emocionarte de esa manera.
El anciano lo miró y esbozó una sonrisa.
- Agradezco tus disculpas, pero no estoy en absoluto ofendido. Para mi ya es un asunto olvidado.
- Entonces, ¿por qué estás aquí solo y abstraído?
- Eso se debe a que me he hecho una pregunta a la que no encuentro respuesta.
- ¿Y cual es?
- Pues me pregunto cómo es posible que emociones verdaderas nazcan de situaciones y hechos falsos.

Una emoción es una respuesta. Somos reactivos y obedecemos a esa naturaleza reactiva.
Si un grupo de personas se juntan para insultarlo, habrá una reacción. Si un grupo de personas se juntan para alabarlo, habrá una reacción. Serán distintas: una dolorosa y violenta; otra satisfactoria y placentera, pero su origen será el mismo: una reacción ante un estímulo. A la mente le es indiferente si ese estímulo es real o inventado, si es sincero o falso: percibe unas señales y emite unas respuestas de un modo mecánico y automático. Siendo esto natural no deja de ser poco estimulante saber lo condicionados que estamos y la escasa libertad que tenemos en cuanto al control de nuestras reacciones. En este hecho de la incapacidad de la mente para saber cuando el estímulo es real o imaginario, reside la enorme vulnerabilidad del ser humano para ser manipulado y para el autoengaño. Basta con que la información que recibe sea aceptable por la mente y se repita, si además el entorno recibe la misma información y reacciona de modo similar, la capacidad de un individuo para no actuar del mismo modo serán casi nulas.
Sabido esto, las antiguas enseñanzas tradicionales siempre aconsejaban valorar primero la calidad de la información y después cotejarla con otras opiniones o puntos de vista no sea que nos ocurra como al anciano y terminemos honrando a muertos ajenos.

18
abr

Sabio consejero

   Posted by: Sebastián

Un joven rey gobernaba a su pueblo con justicia y sobriedad. Se ocupaba del bienestar de sus súbditos y los impuestos que cobraba eran los imprescindibles para que funcionasen los asuntos de estado. En el reino había paz y prosperidad y a su lado siempre estaba su fiel y sabio consejero como lo había estado junto a su padre.
Un día el joven rey dijo en una comida al mayordomo:
- Estoy cansado de comer con estos palillos de madera, soy el rey, así que da orden al orfebre de palacio para que me haga unos de marfil y jade.
Oída esta orden, el consejero se dirigió inmediatamente al soberano.
- Majestad, os pido que me relevéis lo antes posible de mi cargo,
no puedo serviros por más tiempo.
El monarca, extrañado, preguntó cuál era el motivo de aquella repentina decisión.
- Es por los palillos, señor- respondió el consejero- Ahora habéis
pedido unos palillos de marfil y jade, mañana querréis sustituir los platos de barro por una vajilla de oro, más adelante desearéis cambiar vuestros vestidos actuales por otros de seda. Otro día en vez de cerdo y verduras, querréis comer lenguas de alondra y huevos de tortuga. De este modo, los caprichos, la autocomplacencia y el mal uso del poder os harán ser injusto con vuestro pueblo. Entonces, yo me rebelaré contra su majestad poniendo en evidencia sus errores, y por nada del mundo deseo ver amanecer ese día.
Dicen que el rey mandó revocar la orden dada al orfebre. Y conservó al viejo consejero a su lado hasta su muerte.

Al sabio consejero no se le pasó por alto el indicio, el síntoma. En realidad la diferencia entre pedir el rey unos nuevos palillos de marfil y jade o pedir un palacio entero de oro solo era cuantitativa pero no cualitativa. Muchas veces pensamos que una acción incorrecta “pequeña” es distinta a una acción incorrecta “grande”. La diferencia estribará en los resultados o efectos, pero no en su naturaleza: incorrecta. Si un individuo, en su pequeño entorno laboral o familiar se comporta de un modo injusto, despótico, arrogante o egoísta, sus acciones tendrán esa cualidad nociva aunque sean reducidas al afectar solo a su reducido círculo social. Si esas acciones las ejecuta un dictador y afectan a un gran número de personas, la diferencia se referiría únicamente a la mayor cantidad de víctimas de su conducta, pero la cualidad de ambas será la misma.
Afortunadamente todos disponemos de un sabio consejero como el del cuento. Antiguamente se llamaba conciencia, es decir la capacidad de darse cuenta de lo que es correcto o no, y si no es capaz en un momento determinado de discernirlo, la conciencia impulsa el deseo de saberlo, de poner los medios de conocimiento para saber lo que es correcto o no y para ello se necesitan ciertas dosis de sinceridad con uno mismo y de coraje. Pero al final, como el rey, somos soberanos y tenemos en nuestras manos la decisión de rectificar: es nuestro privilegio.
Ojalá que nunca nos falte el consejero que nos muestre el indicio antes de que sea tarde o que los costes de rectificar sean muy altos.

13
abr

La lechuza y la tórtola

   Posted by: Sebastián

Una lechuza y una tórtola se habían hecho buenas amigas, pero un día la tórtola vio como su compañera se preparaba para marcharse, por lo que le preguntó:
¿ Te vas de viaje ?
Si, muy lejos de aquí- contestó apenada la lechuza.
Pero ¿ por qué ?- se extrañó la tórtola.
Porque a la gente de este lugar no les gusta mi graznido, se ríen de mí, se burlan y me humillan- dijo la lechuza suspirando.
Después de escuchar a su amiga, la sabía tórtola se quedó pensando unos instantes. Al fin dijo:
Si puedes cambiar tu graznido, es buena idea que te marches, aunque a decir verdad, ya no necesitarías hacerlo pues nadie se burlaría. Si por el contrario no puedes cambiarlo, ¿ qué objeto tiene que te mudes ? Allí donde acudas encontrarás también gente a la que no le guste tu graznido y te tratarán igual que aquí. Entonces ¿ qué harás ?,¿ volver a huir de nuevo ?

Siempre tenemos la esperanza de que el mundo cambie a nuestro alrededor simplemente aplazando o desplazando los problemas: en realidad confiamos en que de este modo se resuelvan solos y en caso de conflicto siempre queda el recurso de culpar a otros. Esto se debe a que cambiar resulta difícil por dos motivos y, sobre todo, no es tarea para cobardes. El primero es que no percibimos en muchas ocasiones el problema. La lechuza prefiere pensar que a los demás no les gusta su graznido antes que admitir que lo que ocurre es que es muy desagradable y es normal que no guste. El segundo problema es que, asumiéndolo, ni por asomo se le ocurre cambiar, antes prefiere huir y apuntarse al papel de víctima. ¿Cuántas veces hemos oído el manido “yo soy así” para justificar cualquier conducta? El problema se hace más profundo cuando ese “yo soy así” termina convirtiéndose en una sofisticada y dolorosa manera de hacerse daño a uno mismo y a los demás. En este caso siempre será bueno tener alguna buena amiga tórtola cercana.

4
abr

El tigre y el lobo

   Posted by: Sebastián

Un sabio dijo un día a su discípulo que fuera a un claro de un bosque, y que contemplara la escena que allí ocurriría para luego obrar en consecuencia con la enseñanza recibida.
El discípulo así lo hizo y cuando llegó al claro vio a un lobo tumbado con las patas rotas que, a pesar de su incapacidad, mostraba un aspecto saludable. Al rato contempló la solución al enigma: un gran tigre traía entre sus fauces una pieza de caza que devoró en parte para luego dejar una buena porción de carne sobrante delante del lobo lisiado para que este comiera. El discípulo quedó maravillado de como la divina providencia actuaba para que aquel animal inútil se alimentase. De este modo, decidió dedicarse a la contemplación y pensó que si la divina providencia proveía así a una bestia, también le ayudaría a él.
Meses más tarde el sabio acudió a visitar al discípulo que se encontraba en estado de inanición.
- Tonto- le dijo- resulta que has tomado el ejemplo del lobo cuando yo te envíe a que aprendieras del tigre que no solo encuentra sustento para él sino también para un necesitado.

Leer correctamente una situación es algo primordial. Pero solemos interpretar los códigos de lo que percibimos en clave de identificación.
El individuo del cuento leyó la situación que contemplaba desde su identificación inconsciente con el lobo. Él, antes de ser testigo de la escena
“era ya el lobo” por lo que su lectura la hizo desde esa identidad. Si antes de acudir allí su identificación hubiera sido “tigre”, su lectura y comprensión de los hechos hubiesen sido completamente diferente. Estos modelos de identificaciones previas suelen ser muy nocivos. Si una persona previamente esta a menudo identificada con un papel de víctima, por poner un ejemplo, las situaciones y hechos que ocurran a su alrededor siempre las leerá bajo ese código que le confirmará que, efectivamente, es una víctima.
Hay un sabio dicho judío que afirma: “No vemos el mundo tal como es, sino tal como somos”. Conseguir una no-identificación es un logro difícil, pero sí es mucho más fácil contemplar la escena con un mínimo de desapego y objetividad y al menos darse la oportunidad de elegir la identificación. Creo que en el caso del cuento, todos preferimos la del tigre.

29
mar

Los dos caminantes y el burro

   Posted by: Sebastián

Un abuelo y su nieto tuvieron que ir de viaje a una aldea cercana para visitar a unos familiares, y para hacer más llevadera la jornada se acompañaron de un borrico. El muchacho iba montado en el burro cuando al pasar por un pueblo oyeron a unos vecinos decir:
-¡Qué vergüenza! El joven tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie.
Al oír estas palabras decidieron que el abuelo iría en la montura y el nieto andando. Pero pasaron por otro pueblo y escucharon los siguientes comentarios:
-Vaya viejo egoísta, él tan tranquilo en el asno y el muchachito caminando.
Al escuchar estos nuevos reproches, decidieron que lo mejor sería montar los dos al jumento y así pasaron por otro pueblo en donde los vecinos gritaron:
-¡Eh, vosotros¡ ¿No tenéis compasión del pobre animal? ¡Con los dos subidos encima vais a reventarlo!
Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería que ambos continuaran el viaje a pie. De este modo llegaron a otro pueblo y oyeron decir:
-¿Habéis visto a ese par de idiotas?, ¿Cómo se les ocurre ir andando teniendo un burro?

Este cuento ejemplifica la importancia de ser cuidadoso a la hora de tomar en consideración las opiniones ajenas, especialmente cuando estas provienen de la superficialidad, la improvisación o el interés.
Pero también muestra otra cosa: todo es criticable, todo es censurable. Somos capaces de criticar cualquier cosa con independencia de lo que se trate: basta para ello con desconectar la acción del entorno en el que se ejecuta y, sobre todo, cargarla con una intencionalidad maliciosa susceptible de crítica: el resultado es demoledor. Lo podemos ver a diario a nuestro alrededor. Usted puede hacer la prueba consigo mismo. Si un día se dedica a quedarse en casa tumbado en el sofá dormitando puede criticarse a fondo por ser un gran vago que ha desperdiciado una jornada aprovechable. Sin embargo puede decidir dedicar ese mismo día a realizar un montón de tareas pendientes y criticarse luego por no ser ni siquiera capaz de parar un instante y tomarse un día de descanso que su cuerpo y mente necesitan.

¿En qué momento se detiene la crítica sobre nosotros mismos y sobre los demás?

29
mar

La túnica que se quedó a comer

   Posted by: Sebastián

Cierto día un hombre fue invitado a comer al palacio de unas personas muy ricas y llegó al ágape ataviado con unas ropas sencillas. Al instante, advirtió que los anfitriones eludían saludarlo y que los criados evitaban servirlo.
Como vivía cerca, decidió regresar a su casa y se vistió en esta ocasión con una túnica cara. Así volvió al palacio y entonces los anfitriones lo saludaron cortésmente y los sirvientes se inclinaron ante él con respeto.
Cuando llegó el momento de la cena, el hombre se quitó la lujosa túnica y la arrojó en medio de la mesa del banquete ante la sorpresa de todos los asistentes.

- ¿ Por qué haces eso ? -le preguntaron los dueños de la casa.
- Ha sido la túnica y no yo la que ha recibido vuestro respeto y atenciones, así que sea ella la que se quede a comer.

Y dicho esto, el hombre abandonó aquella casa a la que no regresó jamás.

La sociedad en que vivimos siente un desmedido afán por las apariencias, incluso se habla de objetos de representación y de la imagen social. En realidad estamos rodeados y somos cómplices de un verdadero culto a la hipocresía. Muchas veces la apariencia se percibe antes que lo real y por eso se privilegia, es comprensible, pero lo malo es cuando se sabe que algo es solo aparente y que esconde o disfraza lo real y también se privilegia. Es el triunfo de la imagen, de lo que parece pero no es.
Sin embargo la imagen, el vestido del cuento, puede ser respetada por los dueños ricos de la casa (también apariencias) y quedarse a la mesa, pero no puede comer, no puede participar de lo auténtico ni nutrirse de lo verdadero: de lo que llena con plenitud lo que somos.
Es nuestra libertad elegir entre lo aparente o lo auténtico aunque gracias a este sencillo cuento sabemos que lo aparente nunca nos dejará satisfechos:
Por mucho que sentemos a la túnica en la mesa, jamás podrá alimentarse.

20
mar

El escorpión y la rana

   Posted by: Sebastián

Un escorpión quería cruzar un río para lo cual pidió a una ranita que lo llevase a su espalda. Esta se negó: “si lo hago me picarías”. Pero el escorpión argumentó: “no lo haré, ten presente que si te picara ambos nos hundiríamos y moriría yo también”.
A la rana la pareció una explicación suficiente así que el escorpión se subió a su espalda y empezó a nadar. Al llegar al medio del río, el escorpión clavó su aguijón a la rana. Cuando se hundían pregunto: “¿por qué lo has hecho, vamos a morir los dos?”, a lo que el escorpión contestó: “lo siento, pero es mi naturaleza”.

Todos tenemos una naturaleza profunda a la que es imposible traicionar o eludir. El escorpión picó a la rana a pesar de que sabía que le acarrearía la muerte, porque esa era su naturaleza: no podía evitarlo. Todos nosotros tenemos una naturaleza divina, estelar, trascendente-como queramos llamarla-que va más allá de nuestra existencia orgánica.
Y antes o después esa naturaleza se revelará. Tal vez pase mucho tiempo y haya que esperar a que encontremos una rana que nos ayude a cruzar el río. Pero si el río del cuento lo asimilamos a ese otro río mítico que en muchas mitologías y religiones separa el mundo de los vivos del de los muertos, y si a la rana la asimilamos con el cuerpo físico, resultará que nuestra verdadera naturaleza espiritual representada por el escorpión también se revelará cuando llegue la muerte: es inevitable.