Los dos caminantes y el burro

Un abuelo y su nieto tuvieron que ir de viaje a una aldea cercana para visitar a unos familiares, y para hacer más llevadera la jornada se acompañaron de un borrico. El muchacho iba montado en el burro cuando al pasar por un pueblo oyeron a unos vecinos decir:
-¡Qué vergüenza! El joven tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie.
Al oír estas palabras decidieron que el abuelo iría en la montura y el nieto andando. Pero pasaron por otro pueblo y escucharon los siguientes comentarios:
-Vaya viejo egoísta, él tan tranquilo en el asno y el muchachito caminando.
Al escuchar estos nuevos reproches, decidieron que lo mejor sería montar los dos al jumento y así pasaron por otro pueblo en donde los vecinos gritaron:
-¡Eh, vosotros¡ ¿No tenéis compasión del pobre animal? ¡Con los dos subidos encima vais a reventarlo!
Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería que ambos continuaran el viaje a pie. De este modo llegaron a otro pueblo y oyeron decir:
-¿Habéis visto a ese par de idiotas?, ¿Cómo se les ocurre ir andando teniendo un burro?

Este cuento ejemplifica la importancia de ser cuidadoso a la hora de tomar en consideración las opiniones ajenas, especialmente cuando estas provienen de la superficialidad, la improvisación o el interés.
Pero también muestra otra cosa: todo es criticable, todo es censurable. Somos capaces de criticar cualquier cosa con independencia de lo que se trate: basta para ello con desconectar la acción del entorno en el que se ejecuta y, sobre todo, cargarla con una intencionalidad maliciosa susceptible de crítica: el resultado es demoledor. Lo podemos ver a diario a nuestro alrededor. Usted puede hacer la prueba consigo mismo. Si un día se dedica a quedarse en casa tumbado en el sofá dormitando puede criticarse a fondo por ser un gran vago que ha desperdiciado una jornada aprovechable. Sin embargo puede decidir dedicar ese mismo día a realizar un montón de tareas pendientes y criticarse luego por no ser ni siquiera capaz de parar un instante y tomarse un día de descanso que su cuerpo y mente necesitan.

¿En qué momento se detiene la crítica sobre nosotros mismos y sobre los demás?

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