Breves notas sobre el Camino (VIII)

SANTIAGO

Jesús, según los relatos, tuvo tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan.
Juan representa “el secreto”, el depósito sagrado de una enseñanza y una energía.
Si Pedro es la estabilidad, lo fijo, la fuerza conservadora, el puntal sobre el que se construye lo exotérico, lo exterior y visible, Santiago representa lo esotérico, la fuerza renovadora, lo sutil e invisible. Por eso Santiago es el predicador, el lleva la Luz hasta los lugares más oscuros, el guerrero de Dios que lleva la Palabra hasta el último confín del mundo. Hasta la tierra de Nemancos, o tierra de los bosques sagrados, tierras de peregrinación desde tiempos inmemoriales, tierra a la que se llega a pie o a caballo o en carro y carreta entonces, ahora además en bicicleta o coche, pero siempre haciendo el recorrido, en su totalidad o en parte, de un modo u otro. No se ha peregrinado nunca a Roma o Jerusalén haciendo un recorrido. Se va hasta allí sin que el viaje tenga significado, el Camino es distinto, el recorrido, con sus estaciones, tiene tanto significado como el destino. Pero hay que volver ha recordarlo, ese destino no estaba en el bosque sagrado, o dicho actualmente Santiago; el bosque era un lugar por el que pasar hasta llegar al mar como fin del viaje. ¿La prueba? La tradición nos ha dejado como prueba incontestable el símbolo principal del peregrino: la concha o vieira.
Originalmente esa concha recogida en el mar, la llevaban en el viaje de regreso como prueba de que su peregrinación había sido completada. Luego se popularizó y era llevada por los peregrinos como testimonio de su aspiración y determinación por lograrla. Por cierto, se han encontrado vieiras romanas en Muxía datadas en el siglo II lo que prueba, una vez más, que tanto la peregrinación como sus símbolos principales son muy anteriores al “descubrimiento” de la tumba. Y otra curiosidad, se dice que la señal que vio Pelayo en el cielo fue una “lluvia de estrellas”. Puede ser bonito pensar en que fuesen las “lágrimas de San Lorenzo” que es como se llama a la lluvia de estrellas que caen el 11 de agosto y, como cuenta la leyenda, fue San Lorenzo quien trajo el Grial a España.
Por otro lado está el Santiago guerrero, el líder del ejército de Dios, y si bien este es un ejército espiritual, templarios, hospitalarios o miembros de la Orden de Santiago, tomaron como referente este modelo para dar nacimiento al mito caballeresco que nace y crece en el medievo y que se vincula a la búsqueda del grial. Ni que decir tiene que Santiago es el “Caballero Mayor”, el referente y, sobre todo, el que arma caballero a cualquier otro que aspire a serlo. Él encarna las virtudes y valores que todo guerrero espiritual aspira a alcanzar. El lema del Temple es ejemplar: Non nobis Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam. O sea: Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, si no para dar gloria a tu nombre. Una hermosa frase que explica la posición de servicio del guerrero el cual pone su vida y obra al servicio de Dios.

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