La llamada

Todo camino espiritual verdadero comienza con lo que, dentro del ámbito del sufismo, se conoce como la talab o llamada. Esta llamada debe de entenderse como una fuerza de atracción hacia Dios. De la misma manera que en lo humano un individuo es atraído por otra persona y se inicia el enamoramiento, de igual modo la criatura siente esa atracción hacia Dios. Es por eso que en la literatura mística se ha usado tanto la analogía del amante y el amado. Y hay un momento en la vida de muchas personas que no pueden resistirse a esa atracción, a esa historia de Amor entre Dios y él, su criatura.

A la vez, el individuo se siente un fukar, es decir, un pobre consciente de su pobreza espiritual, y esa pobreza espiritual necesita ser remediada.

Es entonces cuando, si Dios lo quiere, aparece a sus pies una tarika, una vía, y un seik,
un maestro, y es en esos momentos cuando ha de tomar la decisión de convertirse o no en un murid, un discípulo. Y esa decisión cambiará su vida, pues pasará de la autoadoración al nafs, el ego, a la adoración a Dios, y de la multiplicidad y fragmentación inherentes al ego, a participar del círculo de la Unidad.
Y así, poco a poco, podrá disfrutar tanto del néctar del Amor como del perfume del Amado que, ahora, comienza sentir un poco más cercano.
Así, hasta que un día, esa proximidad sea tan cercana que, y solo a través del Amor, la criatura y su creador se encuentren y el Amante se funda en el Amado.

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