Salud y negocio

SALUD Y NEGOCIO

 

Ante los sucesivos ataques que las llamadas medicinas alternativas reciben con extraña y regular periodicidad de parte de algunos conocidos medios de comunicación, con especial virulencia contra la homeopatía, he creído interesante recordar una historia.

En 1922 una enfermera canadiense vio que una paciente del hospital en el que trabajaba, enferma de cáncer, se curó después de tomar un remedio herbal recetado por un indio chamán.

Interesada en el asunto, localizó al chamán el cual la dijo que era un remedio tradicional utilizado por su pueblo desde hacia siglos. Además la entregó la receta del preparado compuesto de cuatro plantas:

.Raíz de bardana. Arctium lappa

.Corteza de olmo americano. Ulmus rubra

.Acedera. Rumex acetosella

.Raíz de ruibarbo. Rheum palmatum

Asimismo la indicó como prepararlo.

Con el tiempo, Rene Cassie, que así se llamaba la enfermera, fue ofreciendo el remedio a enfermos de cáncer. Rene preparaba la receta en su cocina y no cobraba por ello. De este modo llegó a tratar a más de tres mil personas con resultados espectaculares que no milagrosos. Prácticamente la mayoría de los que estaban en una fase incipiente se curaban, los enfermos más graves mejoraban los síntomas, ganaban calidad de vida y tardaban mucho más en morir respecto a los vaticinios de los médicos. Además, los dolores de los enfermos desaparecían en un porcentaje muy alto.

Ella llamó a su producto ESSIAC, su apellido al revés. Tal fue el impacto que causó su remedio que en 1938 el Ministerio de Salud y Bienestar canadiense se planteó calificarlo como medicina contra el cáncer y proceder a su estudio, desarrollo y difusión. Aquella propuesta fue derrotada por tres votos en el Parlamento y el ESSIAC pasó a ser proscrito.

Sin embargo, la enfermera Rene estuvo preparando la fórmula y repartiéndola gratuitamente casi durante cuarenta años hasta su muerte.

Ignoro si este producto puede ser útil o no, pero lo que sí sé es que merece ser investigado. También se ha oído hablar de otros productos similares con orígenes tradicionales o modernos que igualmente merecerían ser investigados. Es más que posible que alguno de ellos sean verdaderamente eficaces para distintas enfermedades. Pero, o están guardados en los cajones del olvido o hay contra ellos campañas de difamación y descrédito.

Cualquier sociedad avanzada ha de tener en la salud uno de sus pilares fundamentales y, nunca como hoy, una parte importante de la medicina se ha convertido exclusivamente en un negocio, un negocio sin alma en el que la moneda de cambio es el dolor y el sufrimiento a cambio de beneficios.

Sabemos que en diversas culturas de la antigüedad la medicina estaba concebida como un sacerdocio y el médico era un sacerdote. El sujeto sagrado era el enfermo. Desde los sacerdotes médicos egipcios de Sekmet o Thot, hasta los iatromantes griegos, tenían una concepción sagrada de sus conocimientos y de su tarea. Igualmente sobre un enfermo se decía “está en sagrado” que se refería a su condición de vulnerabilidad. Un enfermo, es decir, alguien debilitado tanto física, mental y emocionalmente, se pone en manos de otro, el médico, al cual le otorga todo el poder sobre su sufrimiento y deposita en él todas sus esperanzas de curación. Ahora esa función sagrada recae sobre cajas de pastillas con enormes prospectos que da miedo leer. Y el sistema ha logrado que el médico sea solo un sujeto encargado de mirar un ordenador, seguir un protocolo y recetar las pastillas correspondientes. Es decir, tenemos en este sistema dos víctimas: enfermos y médicos. La sacralidad, la del enfermo y la del médico, ya no importan, han ganado las pastillas y los protocolos. Y llega la pregunta terrible: ¿detrás de este sistema de salud qué hay?, ¿ qué es lo prioritario?, ¿el deseo de llevar alivio al que sufre y mejorar la calidad de vida de la sociedad? o ¿es prioritario sobre lo anterior el objetivo de ganar la mayor cantidad de dinero posible?

Lo ocurrido con los diferentes ESSIAC del mundo nos dan la respuesta.

 

 

 

 

 

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