PEREGRINACIÓN

 

PEREGRINACIÓN

 

 

Toda peregrinación, toda “búsqueda”, por ejemplo la del Grial, toda narración de viaje mítico o, incluso, algunos mutus liber como el tarot, no son más que alegorías del viaje espiritual sobre el que los sufíes son los que más precisa y claramente han hablado.

Ese viaje transcurre desde el punto en el que la consciencia de la individualidad está sometida al nafs o ego, hasta donde esa misma consciencia individualidad se fusiona en/con Dios.

Este es un viaje de “desapego”, un tránsito en que el espíritu va dejando atrás, no sin dolor a veces, todo lo que ya no le es útil.

El término desapego es muy gráfico toda vez que la conciencia individual está “pegada” al nafs de tal modo que, por un lado, carece de perspectiva sobre la realidad y, por otro, carece de libertad de “movimiento” pues está, en todos los órdenes, tan vinculada al nafs, tan encadenada, que sus “movimientos” obedecen siempre a los de su “yo” o nafs, bien sea en términos de experiencias, de creencias, de sensorialidad, emotivos, orgánicos, etc.

Dicho viaje tiene un recorrido reconocible toda vez que el ser humano está constituido del mismo modo y las capas constitutivas de su ego son también las mismas pues los patrones reactivos de cada uno de nosotros son muy similares.

Muchas veces se ha interpretado el viaje espiritual desde la perspectiva de la “adquisición o conquista” lo cual es correcto, pero se olvida que es igualmente importante el hecho de reconocer que en cada etapa hay que dejar “algo atrás” y que muchas veces no se alcanza la etapa subsiguiente si no se ha dejado antes un “apego”, si no se ha “cortado una cadena” dicho en términos esotéricos.

En la lámina del Loco del tarot, vemos que el caminante va muy ligero de equipaje, el mínimo imprescindible para realizar la Vía y, aún así, solo llegará si lo hace desnudo.

Se dice entre la gente de la Vía que aquello que va a ser abandonado se “rebela” y se niega a ello; de este modo busca mil modos y maneras para que el peregrino no lo abandone. Toda etapa destinada a ser terminada conserva un fuerte depósito de energía que actúa como un vínculo poderoso, a veces explícito, a veces sutil, que “ata” a quien desea seguir el peregrinaje de la Vía. Por eso se dice que todo lugar al que se llega solo está allí para ser abandonado y que no es más que una etapa hasta “llegar a casa”. Del mismo modo, cada etapa guarda sus propias características que necesita de su propia energía e instrumentos.

La Tradición nos habla de las dos más importantes cadenas: nuestras creencias y nuestra propia biografía.

El hermosa la iconografía de San Jorge, el Maestro de Maestros, que con su espada corta las cadenas con las que el dragón tiene atrapada a la doncella, alegoría de la inocencia. Una inocencia que carece de creencias, no las necesita, y que no tiene biografía pues vive en el mundo pero no es del mundo.

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