SABIDURÍA Y SUCEDÁNEOS

 

Hoy día, cualquier persona interesada en el conocimiento filosófico y espiritual tiene a su disposición la mayor parte de la literatura sagrada de las más importantes culturas. En un pasado, esta situación sería inconcebible para personas que anhelasen poder leerlos y se hubiesen conformado aun con solo unas pocas líneas de la sabiduría contenida en estos textos. Sin embargo, hoy la situación es muy diferente. Si acudimos a la tradición hinduista, en la actualidad están traducidos al inglés todo el canon de los Upanishadas (más de 100 volúmenes) o prácticamente toda la literatura védica. Asimismo, en castellano, contamos con la traducción de muchos de los textos imprescindibles de esta espiritualidad; también está traducida toda la literatura clásica budista, el Canon Pali, además de otras muchas obras clásicas de budismo. Lo mismo ocurre con textos taoístas, con cada vez mayor cantidad de los textos fundamentales del sufismo y, en cuanto a los textos espirituales del cristianismo, están traducidos todos los evangelios apócrifos y hay acceso a prácticamente toda la tradición cristiana tanto de Oriente como de Occidente.

También son ya muchos los textos que podemos leer de la tradición esotérica de Occidente; desde el Corpus Hermeticum hasta la mayor parte de la tradición alquímica o rosacruz así como otros textos que conforman el esoteros. Y del mismo modo ya tenemos acceso a todo el Zohar y resto de literatura clásica cabalista. Lo mismo ocurre con los textos filosóficos clásicos greco-romanos y podemos acceder a una enorme cantidad de literatura filosófica de, prácticamente, cualquier cultura.

En resumen, una cantidad ingente de textos que emanan de fuentes clásicas y fiables y que, durante siglos, han nutrido la espiritualidad de la humanidad. Y, vuelvo a repetir, esto es algo absolutamente insólito en la historia.

Pero, a su vez, ha ocurrido algo igualmente extraño. Me refiero al hecho de que una gran cantidad de personas supuestamente interesadas en la espiritualidad, han dado la espalda a esta literatura para optar por textos pseudo espirituales de dudoso origen y, sobre todo, muy mediocres y carentes de profundidad. Es curioso observar como hoy vale con que alguien afirme que es canalizador o que contacta con maestros invisibles para que esa afirmación valide doctrinas absolutamente banales y carentes del más mínimo interés frente a la profundidad de la tradición clásica espiritual que sigue siendo muy desconocida.

La llamada “nueva era” y su doctrina, como sabemos, nace principalmente de las propuestas de la sociedad Teosófica (fundada en 1875) que generó una abundantísima literatura en la que funde, de modo un tanto torpe y forzado, un cristianismo protestante de corte puritano con malas comprensiones de conceptos hinduistas y budistas. De esta fusión surgen la mayoría de conceptos doctrinales que sostiene la “nueva era” que, junto al espiritismo de Allan Kardec (1804-1869) y a una avalancha de literatura pretendidamente esotérica y carente de una mínima base sólida de conocimiento, constituye el armazón conceptual de muchas personas sinceramente  interesadas en la espiritualidad.

Sin embargo, basta comparar. Todos los libros juntos de canalizados de supuestos maestros ascendidos resultan burdos y mediocres si se les compara con cualquier texto clásico bien sea hinduista, budista, sufí o cristiano. Unas pocas páginas de Santa Teresa de Jesús, del Vivekakudamani, o de cualquier texto de Ibn el Arabi o Ramana Maharsi, muestran más conocimiento real que toda la literatura de contactados, mediums, maestros de otras dimensiones, etc, que demuestran un bajísimo nivel intelectual y espiritual cuando no son en muchas ocasiones más que burdas copias y manipulaciones de doctrinas clásicas a las que se las ha desprovisto de su verdadero significado. El resultado que se deduce es que todos esos supuestos contactados, canalizadores, extraterrestres o maestros invisibles deberían haberse puesto a los pies de Ramana Maharsi o Al Alawi, por poner el nombre de dos maestros del siglo XX, para aprender de su sabiduría.

Es posible que la diferencia estribe en la dificultad de comprensión de esta literatura clásica, pero eso se debe a que exige del lector un esfuerzo de entendimiento y una altitud de miras a la hora de poner en valor la inteligencia y el discernimiento adecuados para llegar a su nivel.

Sin embargo, y gracias a esta facilidad de acceso a los textos clásicos, la buena noticia es que cada vez es más fácil discernir entre un psudo conocimiento y un conocimiento real proveniente de las distintas tradiciones espirituales. Es por esta razón por la que más personas están volviendo la atención a los saberes tradicionales dejando atrás la confusa y banal literatura pseudo espiritual de la new age.  Repito, esta es una excelente noticia.

 

 

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