Textos Herméticos

Podemos definir como Textos Herméticos  aquellos escritos pseudoepigráficos  grecolatinos, pero especialmente griegos, datados aproximadamente entre el siglo III a.de C. y siglo I d. de C. que tratan de las enseñanzas de Hermes Trimegisto o “tres veces grande” y cuyo origen se sitúa en Alejandría. Estos textos son la base de la corriente filosófica y espiritual conocida como hermetismo.

A pesar de su difícil datación, es  seguro que son anteriores al siglo IV ya que son mencionados en la controversia arriana y  hay testimonios que demuestran que fueron leídos por Clemente de Alejandría y por san Agustín. Estos escritos tuvieron gran relevancia durante el Renacimiento y la primera colección estructurada la encontramos en el siglo XIV siendo sus textos más importantes el Poimandres y el Asclepios. A este cuerpo, además, se suelen añadir Los extractos del Estobeo, y otross pequeños textos de enorme interés como son el Discurso de la Ogdóada y la Enéada y la famosa Tabla de Esmeralda que tal vez sea la síntesis doctrinal más conocida de la filosofía hermética.

Como sabemos, al llegar los griegos a Egipto, asimilaron la deidad local Thot con la suya de Hermes por lo que es necesario abordar algunas de las características asimiladas a este dios. Sin embargo, lo primero que hay que destacar es que el término que los egipcios utilizaban era el de neteru, plural, que podemos definir como “una inteligencia divina que se expresa en una o unas funciones vivientes”. Así mismo Thot es un nombre griego pues los egipcios lo llamaban Djuti y su templo principal, hoy destruido, estaba en Hermópolis, cerca de la actual Minia y de él solo se conservan dos grandes estatuas del dios en su forma de babuino y, en la cercana Tuna el Gebel, un complejo de túneles llenos de momias de animales que, según parece, podían conectar con Hermópolis. A esta ciudad, en época faraónica, se la conocía como Jemenu o “ciudad del ocho”. Una característica de este neter, reside en que era representado, bien con esa forma de babuino o bien bajo la forma más común de un ibis. Esto se debe a que diferenciaban inteligencia de intelecto; cuando se mostraba como inteligencia se representaba bajo la forma de ibis y cuando se mostraba como intelecto lo hacían bajo la representación del babuino. Diferenciaban ambos conceptos del modo que la inteligencia sería una facultad superior y susceptible de trascender que posibilitaba el contacto con la inteligencia divina y, en cambio,  el intelecto asociado al mundo, no trascendería. Hay que destacar que en los textos herméticos muchas veces se utilizan ambos términos, inteligencia e intelecto, para definir lo mismo, es decir, la facultad de penetración que hace de lo incognoscible, cognoscible.

A esta importante y muy antigua divinidad que ya aparece en la época tinita, se le asociaba el conocimiento, tanto el exotérico como el esotérico, así como la palabra y la escritura por lo que era el patrón de los sacerdotes lectores y de los escribas pues a él le pertenecían los jeroglíficos o “bastones de Dios”. Por extensión, cualquier forma de conocimiento y saber le pertenecía. De ambas funciones asociadas, escribas y lectores,  el hermetismo acuñó la máxima “como arriba es abajo”.   Los egipcios consideraban que en el mundo- y en el ser humano- había dos grandes corrientes energéticas que unían cielo y tierra siendo ambas idénticas en sustancia con la diferencia de que una carecía de forma y otra habitaba en la forma. Una era emanada de la tierra y era ascendente y, la otra, descendía del cielo y llegaba a la tierra. Los sacerdotes lectores, a través de la palabra, “ascendían” esa fuerza; los escribas, con la escritura, la bajaban y fijaban a través del jeroglífico. Thot tenía también el título de “señor del ángulo recto” y entonces se mostraba como un ibis encima de una escuadra. Bajo esta forma se identificaba como señor de la medida, el peso y el número y, en definitiva, del orden subyacente en todo lo creado. Otra de sus condiciones como ya hemos dicho,  era la del “señor del ocho” pues estaba acompañado de ocho fuerzas denominadas “las almas de Thot” o también “los padres y las madres de la luz” representadas como cuatro ranas machos y cuatro serpientes hembra. Representaban principios cósmicos que luego tuvieron gran influencia en el ideario hermético. Estos principios expresados en parejas eran: el océano primordial inmóvil lleno de potencialidades y el caos originario; el vacío ilimitado y el vacío limitado; lo oculto no manifestado  y lo oculto manifestado; la oscuridad y la oscuridad engendradora. Actualmente puede verse el lugar del “nacimiento del ocho” en el recinto del templo funerario de Ramses III en Medinat Habu. Esta asimilación con el número ocho, el número divino de la creación, nos muestra también su condición de divinidad creadora que la llevaba a cabo a través de la Palabra según el relato de la creación de Hermópolis.

Thot está muy presente en muchos de las narraciones más importantes de la religión egipcia. Las más conocidas son su mediación en el conflicto entre Horus y Set y la pérdida y restitución del famoso ojo, su participación en la busca del cuerpo y resurrección de Osiris por parte de Isis, o el engaño que idea ante Ra para “robarle” una fracción del tiempo de cinco días que permite la unión entre Nut, el cielo, y Geb, la tierra, de modo que así se produce el nacimiento de los cinco hijos de ambos: Osiris, Isis, Set, Nephtis y Horus el Viejo.

También intervenía de modo decisivo en el momento fundamental de la pesada del corazón del difunto en la balanza de Maat, la deidad de la justicia, el orden, el equilibrio y la verdad. Thot tomaba buena nota del resultado de la pesada y era garante de que todo transcurría en orden y ajustado a la ley

 

En cuanto al dios griego Hermes,  incorpora la condición de mensajero y heraldo además de ser el que envía el sueño a los seres humanos. Este aspecto es reseñable pues nos remite a los templos de sanación de Asclepios en los que los pacientes recibían en sueños las claves de los remedios con los que se curarían. En cuanto a la acepción de Trimegisto se debe al triple nivel de su enseñanza. La primera, exotérica y abierta a cualquier intelecto; la segunda, esotérica y asimilable solo por la inteligencia y una tercera solo aceptable y asumible por una mente no condicionada y ya absorbida e integrada en el espíritu trascendente.

Queda, para finalizar, hacer un muy sucinto resumen de las obras principales en las que se basa el hermetismo. Con  Poimandrés, nos encontramos ante un texto que es un diálogo entre Poimandrés o “la mente del Soberano” y un interlocutor, el escriba, que pregunta. El contenido posee un enorme calado filosófico y teológico que muestra un conocimiento excepcional que podemos encontrar en lugares como el pensamiento teológico de santo Tomás de Aquino o el humanismo filosófico de Pico della Mirandola . Poimandrés le dice a su interlocutor: “Qué deseas aprender”, a partir de aquí se abre un abanico de enseñanzas que abarcan distintos aspectos de la demanda del ser humano que busca alejarse de la ignorancia.

 

 

En el Asclepios también nos muestra un diálogo, esta vez entre Trimegisto y Asclepio en el que el dios instruye al médico respecto al alma y su condición inmortal. Aquí encontramos evidencias del pensamiento platónico y, es posible, como muchos afirman, que San Agustín de Hipona encontrase aquí inspiración para el desarrollo de su pensamiento y doctrina teológica que, como sabemos, es uno de los pilares del cristianismo.

El Estobeo también se ocupa de la existencia del alma, tanto la de origen divino e inmortal, como de la humana y mortal. También narra interesantes discursos sobre las diferentes energías y su actividad y se añaden disquisiciones de marcado carácter esotérico como aquellas que se refieren a la trasmigración o a las fuerza zodiacales.

El discurso sobre la Ogdóada y la Enéada forma parte de los textos hallados en Nag Hammadi en 1945. En su contenido nos encontramos con oraciones de carácter gnóstico, posiblemente repeticiones en forma de canto, no de palabras significantes, sino de sonidos que producían vibraciones que consideraban apropiadas en la búsqueda de experiencias extáticas que facilitasen la comprensión de los misterios de Dios y su creación.

Por fin, el brevísimo texto de La Tabla de Esmeralda tiene su eje central en lo ya mencionado respecto a Thot y la enseñanza de que lo de abajo, la tierra, es un espejo del cielo y que hay dos corrientes que comunican a ambos; una del cielo a la tierra, la otra, de la tierra al cielo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s