SECRETO

“No tenemos poder sobre las cosas que nos ocurren, pero si tenemos poder respecto a cómo actuamos ante las cosas que nos ocurren”.

Este axioma proveniente de la sabiduría antigua hoy ha sido olvidado ante la prevalencia de nuevas doctrinas que, cuando menos, se puede afirmar que descansan en la arrogancia y la ignorancia.

El triunfo comercial de un libro muy “secreto”, puso de moda la idea de que el ser humano puede “decretar” para que en su vida ocurra aquello a lo que aspira. Si la aspiración es o no legítima, si está alineada o no con lo justo y lo correcto y, sobre todo,  si esa aspiración  proviene o no de los deseos o aversiones del ego, de la ignorancia, del miedo o de la acumulación de comprensión defectuosa, resulta algo irrelevante.

La arrogancia y la falta de comprensión dan como resultado la idea de que una persona decreta y el universo debe de responder sumisamente a esa demanda. Y si no responde, es tu responsabilidad ya que se debe a que no has decretado bien.

Además, la misma doctrina nos recuerda que el decreto puede servir para cualquier cosa; desde acceder a la “abundancia”, es decir, la posesión de bienes materiales; hasta para encontrar la pareja ideal y, de nuevo, si la abundancia no llama a tu puerta o la pareja ideal te esquiva, no es culpa de la sencilla doctrina del “secreto”, se debe, desde luego, a la torpeza de los que no saben decretar adecuadamente.

Me pregunto lo que pensarían de esta infantil doctrina personajes como Sócrates, Patanjali, Buda, Ibn Arabi, Maimónides o San Francisco de Asís por citar algunos ejemplos.

Tal vez toda su fuerza humana, filosófica y espiritual se malgastó porque  no habían leído el libro “secreto”, no sabían que toda la sabiduría y el conocimiento acumulado durante siglos quedaría como papel mojado ante la gran revelación por fin mostrada al mundo: el secreto del decreto.

O tal vez no. Tal vez sabían que, como dicen los hinduistas, estamos en la era del Kali Yuga, una era que tiene la característica de la aceptación y triunfo de la ignorancia.

Y, por cierto, ¿dónde dejamos lo de la voluntad de Dios?, aquello de “hágase Tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo” o lo que afirma el Corán de “no cae una hoja de un árbol si no es por la voluntad de Alá”.

 

SOBRE  W. W. ATKINSON Y “EL SECRETO”

Los lectores más interesados pueden curiosear sobre la relación entre los contenidos del libro “El Secreto”, de Rhonda Byrne, con el llamado “Nuevo Pensamiento” y la “ley de atracción” de W.W. Atkinson-muerto en 1932- o más conocido por sus seudónimos de Yogi Ramacharaka (un ficticio maestro hindú), Theron Dumont (un profesor francés experto en magnetismo) o Magus Incognitus ( un iniciado en las más secretas órdenes iniciáticas occidentales), entre otros que utilizó.

Este curioso personaje, abogado y empresario que pasó del triunfo económico a la ruina para convertirse después en autor de éxito, estuvo detrás tanto de obras famosas como “El Kybalion” como en la creación del llamado “pensamiento positivo” y la “ley de atracción” en los que se inspiró la productora y guionista de televisión Rhonda Byrne  para redactar su famosísimo libro “El Secreto”.

Atkinson fue un escritor tremendamente prolífico- como hemos dicho utilizó muchos seudónimos tanto de origen oriental como occidental- y a su pluma y creatividad se deben muchas obras que tuvieron un enorme éxito comercial como “El nuevo pensamiento” , “Vida después de la muerte” , “14 lecciones de filosofía yogi y ocultismo oriental”, “La ciencia de la curación psíquica” o “Reencarnación y poder del karma” por citar solo unas pocas, asimismo fue responsable de la publicación de la revista “El Nuevo pensamiento”. Pero fue, sobre todo, en su libro “El poder de la atracción”, publicado en 1906, en el que se inspiró la guionista televisiva Rhonda Byrne para hacer primero su película-documental “el Secreto” y, poco después, publicar su famoso libro.

 

A su vez, esta ley de atracción no es más que la reconversión modernizada de la antigua “magia simpática”. El principio de dicha magia simpática se establece sobre el axioma de que “lo igual atrae a lo igual” y Atkinson, que perteneció a diversas logias esotéricas que la practicaban, se interesó por ella y por el esoterismo en general escribiendo al respecto bajo el seudónimo de Magus Incognitus. Sin embargo, la práctica de la magia simpática en estas escuelas esotéricas, requería una ritualización, simbología, objetos y utillaje, etc., que hacían complicada su práctica. Atkinson, sin duda un hombre de carácter práctico y emprendedor, decidió simplificar el asunto y formuló su “ley de atracción” para que cualquier persona disponiendo solamente de su mente pudiera practicar la magia simpática. Siendo consciente también de que todo lo relacionado con las escuelas esotéricas y sus prácticas no calaba entre cierto público y que la palabra “magia” podía tener asociaciones negativas, tuvo el enorme acierto de reformular la idea y acuñar el término de “ley de atracción”.

En 1908, junto a dos compañeros, igualmente bajo seudónimos- esta vez firmaron como “tres iniciados”- publicaron el famoso Kybalion en el que se formulaban algunas ideas similares que, supuestamente, contaban con el “aval” del hermetismo.  Otro de los autores del Kybalion fue su amigo Paul Foster Case, fundador de la escuela esotérica de tarot  B.O.T.A. y el tercero permanece en el anonimato pues firmó con la inicial R.

La verdad es que de hermetismo no tenía prácticamente nada salvo la famosa sentencia de “como arriba así es abajo”, tomada de La Tabla Esmeraldina, entendiendo como hermetismo la doctrina sapiencial derivada de los textos del Corpus hermeticum. Sin embargo tomaron como fuente un texto chino, de hecho copiaron literalmente varias sentencias, pero en aquel tiempo a lo que provenía de China no se le concedía en absoluto ningún pedigree esotérico, al contrario de la enorme aceptación que tenía todo lo que tenía origen en India o Tibet, así que tal vez por este motivo decidieron no citar la fuente china y “adornar” su libro vinculándolo al hermetismo.

 

 

 

 

Ni que decir tiene que la traducción de los textos sapienciales clásicos en aquella época estaba en mantillas; hoy es diferente y disponemos de traducciones completas de los textos clásicos, bien sea del Corpus Hermeticum, o de la sabiduría china o hindú. Es decir, podemos ver la distancia doctrinal entre lo que decía Yogi Ramacharaka (seudónimo de Atkinson) y lo que dicen los textos clásicos como “Los yoga sutras de Patanjali” o podemos comparar el Kybalion con el “Poimandres” del Corpus Hermeticum.

Como curiosidad diremos que, según sus biógrafos, Atkinson nunca pisó la India pero, bajo el pseudónimo del personaje de Yogi Ramacharaka, publicó más de una docena de libros y, uno de ellos, curiosamente, se llamó “Cristianismo místico”.

Atkinson acertó de lleno en los temas por los que el público norteamericano se interesaba más en aquella época y,  bajo el seudónimo de Swami Panchadasi, publicó cuatro libros que hoy siguen siendo un gran éxito de ventas: “El aura humana”, “Clarividencia y poderes ocultos”, “El mundo astral” y “Telepatía y lectura de la mente”.  Es importante recordar que aquella época estaba muy en boga todo lo que se refiriera a los “poderes psíquicos” y consideró que el aval de un “Swami” daría más valor a sus afirmaciones.

Como muchos editores no aclaraban en sus publicaciones que Panchadasi en realidad era en realidad Atkinson, es decir, un prolífico escritor norteamericano nacido en Baltimore en 1862,  algunos lectores llegaron a creer erróneamente que las afirmaciones que Atkinson vuelca en sus libros formaban parte del acervo cultural y de conocimiento de la India clásica.

Atkinson no solo fue el precursor de los contenidos de “El Secreto”, sino también de los conceptos y bases de la llamada “curación metafísica” o de doctrinas sobre la muerte hoy en boga dentro del pensamiento “nueva era”, sin olvidar la  influencia que tiene aun el “Kybalion” dentro del ideario popular esotérico  pues, como hemos dicho, él era uno de los “tres iniciados” firmantes de dicha obra, una obra que, no lo olvidemos, está inspirada en un texto chino y no tiene nada que ver con el pensamiento hermético clásico. También muchas ideas que hoy se ofertan como novedosas en avanzados cursos de empresa, tienen como base los postulados que Atkinson ya expuso en su extensa producción literaria en donde se refería a la relación mente-atracción-dinero.

En diferentes materias y doctrinas, es mucho lo que le debe el pensamiento nueva era a este incansable emprendedor norteamericano, autor de gran cantidad de libros de enorme éxito cuya influencia ha llegado hasta hoy.

Respecto a “El Secreto”, publicado en 2006, se puede curiosear sobre la campaña publicitaria de la productora de la película distribuida en DVD y en streaming de “El Secreto” que se estrenó también en 2006 antes del libro como “test” (no olvidemos que la autora era una especialista en producción y contenidos televisivos) o como el libro fue protagonista dos veces en el programa de mayor éxito televisivo, el Oprah Winfrey Show con el apoyo de su exitosa presentadora; los más curiosos incluso pueden rastrear lo que Oprah dijo sobre el libro cuando se dirigía a su amplia audiencia, mayoritariamente femenina y de bajo nivel cultural. La difusión y el impacto en ventas que alcanzó “El Secreto” después del estreno de la película-documental y de los programas de Oprah fue formidable y, como, sabemos, se extendió a otros países de tal modo que ha sido uno de los éxitos editoriales más importantes de los últimos tiempos y el diseño e inversión publicitaria previos a la publicación del libro son hoy un modelo a seguir de marketing eficaz.

Antes, la película en DVD que se estrenó como parte previa de la campaña de publicidad del libro tuvo también como fuente de inspiración no solo los libros de Atkinson, también otra obra que logró en 1910 un gran éxito de ventas llamada “La ciencia de hacerse rico” de Wallace Wattles también autor vinculado a la corriente del “nuevo pensamiento”. La tercera fuente de inspiración fue también el gran best seller de Napoleon Hill “Piense y hágase rico”. Sobre estos pilares y unos interesantes estudios sobre perfiles psicológicos y sociológicos que manejaban- y manejan- las agencias de publicidad que trabajan especialmente con medios televisivos, se construyó “El Secreto”, tanto la película-documental primero  como el libro después.

Respecto al resto de los libros mencionados en este artículo están publicados en castellano y se vendían en España muy bien entre los años setenta y noventa,- algunos se venden todavía estupendamente como los de Panchadasi- pero luego fueron olvidados, poco a poco, ante el ímpetu de las nuevas publicaciones ya asociadas a costosas y bien confeccionadas campañas publicitarias. Tal vez ahí resida el secreto. Ya Atkinson tuvo su propio “secreto” que consistió en ocultar su condición de ingenioso y prolífico escritor bajo distintas personalidades ficticias pero todas poseedoras de saberes extraordinarios que supieron despertar el interés de numerosísimos lectores al igual que, casi un siglo después, logró hacer Rhonda Byrne, sin duda, dos escritores que triunfaron.

 

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