¿Qué es meditación?

MEDITACIÓN ¿QUÉ ES?

Lo primero que hay que aclarar respecto a la meditación es que su objetivo es alcanzar el estado meditativo continuo. Y esto no se refiere al momento en el que el meditador se encuentra meditando, sino que ese estado meditativo debe estar presente en la vida cotidiana una vez que se ha alcanzado. El objetivo no es estar una hora de meditación para lograr durante ese tiempo un estado de serenidad y, al acabar la práctica, volver al estado ordinario de una mente agitada y ansiosa. Salvo que se busque expresamente ese estado de placidez sobre el que distintos maestros han advertido respecto a su capacidad de seducción al volverse adictivo. Una adicción que provoca caer en la tentación de convertir la meditación en un fin en sí misma y no en un medio para lograr ese estado meditativo continuo.

Buda formuló de modo magistral algo que ya habían conocido los rishis védicos cuando desarrollan la vipassana- literalmente significa “ver las cosas como son”- la forma de meditación más antigua que se conoce.

Buda dijo que “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” y, de este modo tan certero, señaló que la fuente del sufrimiento humano está en su mente. Y si está en la mente, es ahí donde se debe de mirar. Por este motivo Buda retoma la meditación ya practicada de la vipassana como una técnica indispensable para alcanzar la liberación del sufrimiento. Es por eso que, con diversas variantes, la meditación es una práctica indispensable en las distintas escuelas budistas.

Sabemos que la naturaleza de la mente se basa en su condición reactiva, por tanto, el primer paso de toda meditación consiste en aislar a la mente lo más posible de los estímulos sensoriales, es decir, de las fuentes primarias de la excitación. En la práctica se busca el silencio, se tienen los ojos cerrados o semi cerrados y se adopta una postura que nos permita estar un buen rato quietos. A continuación, se adopta una respiración relajada y tranquila. Al poco, la mente empieza a reaccionar al no recibir los habituales estímulos sensoriales que la mantienen activa cuando está en un estado de vigilia. Pero de forma prácticamente autónoma y, a pesar de esa ausencia de estímulos sensoriales, la mente continúa su actividad generando todo tipo de pensamientos vagando por el pasado, por el futuro, por la fantasía, ideaciones, etc. Es por eso que en muchas prácticas meditativas se aconseja contar las respiraciones, de este modo, la facultad de la mente de la atención está ocupada y se le dificulta esa actividad de “vagabundeo”. Y todo esto puede ser observado.

Es aquí donde reside la clave de comprensión: si la mente es observada, ¿quién observa a la mente? Pero antes de llegar al “observador”, llamado “el testigo” en el advaita vedanta,  centrémonos en lo observado, es decir, en esa mente. Y las primeras conclusiones de esa observación nos muestra que la mente tiene una actividad autónoma, que esa actividad está vinculada a los estímulos y factores de excitación, tanto sensoriales como emocionales, y que es como un contenedor en el que se encuentran todo tipo de ideas, creencias, residuos de experiencias mal asimiladas, los escombros de los materiales de construcción del ego, la acumulación inútil del pasado, las expectativas irreales sobre el futuro, los residuos de las actividades que más energía requieren como el miedo, la frustración, el auto engaño, el esfuerzo de la cimentación periódica del ego, el mantenimiento de las fantasías, etc., entre otras cosas; es decir, todo aquello susceptible de provocar sufrimiento. Pero también “el testigo” se da cuenta de otra cosa: todo eso solo reside ahí. Y la primera acción útil para uno mismo es no dejar que “eso” salga de ahí, ¿cómo? Dejamos la respuesta a Nisargadatta, uno de los grandes iluminados del siglo XX cuando una vez le preguntaron qué era la meditación y para qué servía, contestó:

-“…para un buscador de la Realidad solo hay una única meditación y es el riguroso rechazo a identificarse con los pensamientos…”

“…usted comienza dejando que los pensamientos fluyan observándolos. La misma observación aquieta la mente…”

(del libro Yo soy Eso, cap.48; Ed. Sirio)

Todos sabemos que en nuestra mente habitan todo tipo de cosas como las anteriormente descritas. Con muy poco esfuerzo, observándolo como si fuese un paisaje, podemos ver sus contenidos y, efectivamente, la clave reside en la no-identificación con lo que allí hay. Y, efectivamente, esa observación relajada, procura un aquietamiento de la mente lo que, a su vez, al no estar agitada, facilita mucho más la observación y se genera así un circuito benéfico. Quien se identifica con sus pensamientos y los hace suyos, de algún modo los vivifica, es decir, les proporciona energía y los provee de carne y sangre. Y ciertamente, muchos de los contenidos de nuestra mente, no lo merecen. Pero la observación sí permite alcanzar a “ver” aquello que sí merece ser vivificado y, por tanto, sacarlo de la mente y pasarlo a la acción. Pero para distinguir hay que observar y luego discernir, a ese discernir el advaita lo llama viveka.

Como hemos dicho este es el primer paso y su lugar de trabajo es la mente: lo observado. El segundo paso se refiere a la naturaleza del observador: el Ser. Pero para ese paso es más potente y eficaz el uso de otra herramienta: la Plegaria. Y otro centro de Trabajo: el Corazón.

Y termino con otra sentencia de Nisargadatta: “Entre usted y Dios no hay espacio para un camino”.

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