DOMINGO DE RESURRECCIÓN

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Dice Juan: “El día primero de la semana, María Magdalena vino muy de madrugada, cuando aún era de noche, al monumento, y vio quitada la piedra…”, después ella dice a Pedro y al discípulo amado:“Han tomado al Señor del monumento y no sabemos dónde lo han puesto”. Ella aun no sabe qué ha ocurrido. Pero su amor al Maestro y su fe son su fuerza.

El texto de Juan nos narra a continuación que Magdalena vio a dos ángeles y que detrás de ellos apareció Jesús al que no reconoció. Cuando ella por fin se da cuenta de quién es, pretende tocarlo, pero Jesús contesta: “No me toques porque aún no he subido al Padre” . Ella es la primera que recibe su luz “resucitada”.

Los otros evangelios dicen que Magdalena no está sola cuando ve el sepulcro vacío sino que está acompañada de otras mujeres, pero coinciden en que la primera aparición es a la Magdalena y luego a los discípulos, aunque es Lucas el que relata un previo encuentro de Jesús con los dos discípulos que iban a Emaús. Si es la Virgen María la  puerta a la Vida en la carne, es la Magdalena la puerta a la Vida en la resurrección. Y el relato de los evangelios nos muestra a otras mujeres  como la Verónica, que guarda el recuerdo en un “paño” o Marta y María  testimonios del amor y el servicio. No puede haber nueva alianza sin la mujer.

Este mismo evangelio de Juan narra como Jesús se presenta entonces ante los discípulos que estaban escondidos y les dice: “ La paz sea con vosotros, como me envió mi padre os envío yo. Diciendo esto sopló y les dijo: recibid el Espíritu Santo…”. El Dios creador le da el soplo de vida a Adán, Jesús da el soplo de Espíritu: el soplo de la vida eterna en la que ya no habita la muerte.

Antes, el evangelio apócrifo de Nicodemo narra la bajada de Jesús a los infiernos y como allí vence al Abismo y a Satanás y saca del antro a Adán. Es la disolución del pasado que ya no sirve. Toda acumulación de negatividad del pasado, toda memoria, queda abolida ante el recuerdo del Padre, el recuerdo de Dios.

Tomás pide para creer meter su mano en la herida de Jesús. Mientras la credibilidad de los otros discípulos descansa en la fe, en Tomás descansa además en la experiencia. La fe y la experiencia juntas que, junto a la fortaleza, permiten el avance.

Jesús ha resucitado según había anunciado. Carne y sangre convertidas en cuerpo de luz. Todo ello para el cumplimiento de una promesa: la del advenimiento del Espíritu Santo y  la posibilidad de vencer a la muerte.

Jesús abrió la puerta a la Gracia santificante por medio de la nutrición de la eucaristía porque se transfiguró, Jesús resucitó porque se transfiguró, Jesús abrió la puerta del Espíritu Santo porque se transfiguró.

En el episodio de la Transfiguración, Jesús empieza a brillar, está envuelto en luz, se vuelve radiente en la Gloria divina. A su lado aparecen Moisés y Elías, que muestran la continuidad en Jesús de una función en el propósito de la instauración del Reino de Dios para toda la humanidad; su labor significa un avance y aceleración enormes respecto al pasado. Una voz lo llama como “Hijo”, al igual que cuando fue bautizado por el Bautista. Si con ese episodio en el Jordán se iniciaba el proceso de convertirse en totalidad en “Hijo”, en la transfiguración en la montaña se completa. Adquiere el estado de Hijo. Y así abre esa “filiación” para todos.

Con la Resurrección Jesús alcanza también el estado de Cristo.

Y la nueva alianza nos dejó el camino abierto. Vida, Verdad y Vía en Uno.

Un comentario sobre “DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s