NO COMPITAS Y ELIGE TUS BATALLAS

NO COMPITAS Y ELIGE TUS BATALLAS

“En cualquier batalla resultan derrotados tanto vencedores como vencidos”.

BUDA

Hoy día nuestra cultura ha logrado convertir cada jornada en una batalla en la que, naturalmente, hay vencedores y vencidos. Nos han inculcado también un miedo más: el de no triunfar. El derrotado es el que no es capaz de hacer ostentación del botín conquistado: buen coche, vivienda de standing, artículos de marca, últimos modelos de bienes de consumo…, y ese derrotado queda señalado con el “síndrome del perdedor” que le deja las secuelas de baja autoestima y frustración acumuladas, algo que está haciendo estragos entre los más jóvenes que reciben hasta la saciedad el mensaje de que han de competir por un botín que, sin embargo, no se ven capaces de alcanzarlo. Se nos inculca a todas horas la impresión de que nunca es suficiente lo conquistado; siempre existe la posibilidad de adquirir un coche más caro o un móvil de última generación por los que luchar. Incluso se han extendido ideologías que tratan de manejar la codicia y el miedo del ser humano con el fin de convertirlas, a través de una manipulación astuta, en “valores” para luchar incansablemente por el botín.

Esta atmósfera de perenne competencia se revela como un juego peligroso cuando no como un veneno en las relaciones humanas pues, si la conciencia y la comprensión no aparecen, es posible deducir que si yo soy el ganador, es que soy más capaz, más competente y mejor; por tanto tú, que eres perdedor, eres peor, más inútil y menos valioso. Así, la relación de igual a igual queda deteriorada y se establecen falsos esquemas jerárquicos en los que los valores quedan confundidos y alterados.  

Sin embargo, es evidente que quien no participa en una batalla queda al margen de esa dialéctica de ganador-perdedor. De hecho, el concepto de guerrero espiritual tan en boga hoy día, se refiere precisamente a alguien capaz de discernir cuándo, dónde y sobre todo cuáles son las verdaderas batallas que merece la pena entablar y siempre bajo el principio de que es él quien elige sus propias batallas y no se las eligen a él. Asimismo, aplica el discernimiento respecto a si ese botín lo necesita o no y qué costos está obligado a pagar para conseguirlo. Desde esta perspectiva, la sabiduría tradicional ha aconsejado siempre no gastar energía, tiempo, esfuerzos y recursos en batallas innecesarias que otros, o la propia sociedad, nos proponen. Este principio no solo se refiere a las batallas por el botín, sino a otras como las luchas de poder, luchas por imponer credos o ideologías, luchas que nacen del resentimiento, la cólera, la envidia, la frustración, etc. Y sobre todo, discernir cuando una batalla es tuya o no lo es, si es por propia elección o te ha sido impuesta. Ya vivir la vida como la propia vida demanda en términos de impecabilidad frente a ella y frente a uno mismo, es suficiente como para dedicarle una alta cuota de atención, energía y esfuerzo. En realidad, solo existe una batalla que merece la pena pelear y todo empieza por averiguar cuál es, mientras tanto, ganemos o perdamos las batallas del mundo, estaremos siendo derrotados.

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