SOMOS MEJOR QUE NUESTRO PERSONAJE

SOMOS MEJOR QUE NUESTRO PERSONAJE

“Todo se resume en esto: yo soy el Ser en Sí, sin forma e inmanente en todo; lo que el tiempo no encadena ni el espacio limita. Aquello que es, esencialmente pura serenidad, eso Soy Yo. Eterno, sin partes, infinito”.

ASTRAVAKRA GITA

Todos hemos ido construyendo a lo largo de nuestra existencia un personaje. Un personaje necesario para afrontar la vida de cada día. Le hemos dotado de unos recursos, de unas señas de identidad, le hemos implantado creencias, ideologías, opiniones, gustos y aversiones, filias y fobias; le hemos provisto de mecanismos de defensa, tanto psicológicos como afectivos, de resortes que nos faciliten seguridad y control, de herramientas para relacionarnos en diversos niveles de intimidad o de conveniencia. Lo hemos adaptado eficazmente a las necesidades sociales en las que nos ha tocado vivir. Las experiencias vitales, tanto placenteras como dolorosas, nos han permitido rectificar y corregir nuestra obra con el fin de ir perfeccionándola; hemos puesto cariño, dedicación y esfuerzo en su construcción procurando recrearlo con el mayor parecido posible a lo que creemos que deberíamos ser. Por lo general, hemos hecho un buen y gran trabajo.

Sin embargo, la mayoría hemos cometido a la vez un gran error: también le hemos dado el poder; un poder que debía de haber quedado en nuestras manos. ¿La razón?, los materiales constitutivos de ese  personaje pertenecen a lo  instintivo, mental y psicológico pero le hemos dejado fuera de una dimensión espiritual que nosotros, en cuanto ser, sí tenemos. Entre ambos, ser y persona, como un tejido, está lo orgánico que, por su naturaleza de profunda inteligencia vegetativa, es inocente. De ahí nace que nuestra primera identificación sea con el cuerpo. La segunda con nuestra biografía.

En realidad es la clásica distinción entre el yo-persona ( persona entendida según su etimología de “máscara teatral”) y el ser real. Pero detrás de la máscara está el rostro de nuestra verdadera naturaleza. Bien es cierto que es la tarea de una vida llegar a descubrirla, pero no es menos cierto que a poco que vayamos encontrando un poco de paz en nosotros mismos, empezaremos a intuir que esa naturaleza tiene el perfume de  realidad y verdad tal, que nos hará sentir la alegría de su belleza.

Para ello la sabiduría antigua aconsejaba usar esa “máscara” pero sin someterse a ella. De hecho sería una ilusión vivir sin esa máscara; por decirlo de algún modo el ser la necesita en su pacto con la vida. Sin embargo, el mejor remedio resulta de ir rebajando poco a poco la importancia personal que es uno de los principales “alimentos” que nutren la personalidad, de ahí la necesidad de protagonismo, de destacar, de sentirse importante por lo que hacemos o por lo que creemos y pensamos; en realidad no es necesario: el ser no tiene ninguna necesidad de sentirse importante. La verdadera humildad no nace de un esfuerzo- al principio sí es necesario ese esfuerzo frente a la arrogancia, frente a la vanidad o ante esa importancia personal- nace de la comprensión de su condición y de la ausencia de esa necesidad  de “sentirse importante”.

Y otra cosa, el humor, especialmente el reírse de uno mismo, fue y sigue siendo, una excelente herramienta ante la importancia personal. Y recordar que el humor debe ir siempre unido al respeto hacia uno mismo y hacia los demás. La risa sana siempre ha sido el mayor indicativo de un corazón sano y la alegría es un don de Dios. Solo Él sabe y solo a Él la Gloria.

Un comentario sobre “SOMOS MEJOR QUE NUESTRO PERSONAJE

  1. Me ha gustado mucho el texto, porque sobre el tema tengo muchas preguntas y dudas.
    Gracias por aclararme algo más.
    De Ser y Dejar Ser. Es a mí entender muy difícil.
    Porque si tú consideras algo muy bueno, quieres compartirlo con las personas que Amas y te Importan en esta VIDA.
    Todo padre Quiere lo mejor para sus hijos, y hace todo lo que está en su mano para ayudarlos a que consigan SER FELICES, ESTAR SANOS Y DEFENDER SUS HABICHUELAS.
    TRABAJAR, SER, DEJAR SER Y HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.
    DIFÍCIL TAREA SIN LA AYUDA DEL PADRE.
    FE Y CONFIANZA. SABIDURÍA, FYERZA Y MUCHO AMOR. EL PADRE SABE.
    Gracias Sebastián. Maestro de la Sencillez, por hacer fácil, lo difícil.
    Gracias.

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