DONES Y FRUTOS

DONES Y FRUTOS

Esta pasada efeméride de Pentecostés creo que aporta una interesante oportunidad de reflexión sobre el “don” y el “fruto”. Según la doctrina cristiana cuando el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles en Pentecostés lleva consigo la concesión de 7 dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Además, hace que en ellos florezcan 12 frutos: amor, alegría, paz, paciencia, bondad, afabilidad, fidelidad, dominio de sí, aceptación, caridad, continencia y modestia.

Entre ambos hay una diferencia importante. Los frutos son producto del trabajo del ser humano que “plantó” la semilla de esa virtud y luego la cuidó con esfuerzo y esmero a través de la práctica y la comprensión. La llegada de la epifania que representa Pentecostés hace que el fruto aparezca. Forma parte de un proceso. Más adelante madurará.

En la religión greco-romana encontramos una referencia a esos doce frutos que  se han asociado a doce trabajos que, en la mitología griega conocemos como “trabajos de Hércules” y que, a su vez, están presentes en los doce signos del zodiaco, cada uno de ellos con sus esfuerzos pero también con sus frutos.

Los “dones”, en cambio, son “regalos de Dios” que concede según su voluntad y sabiduría a quién quiere, cuándo quiere y cómo quiere. Fueron vinculados con el número siete y también aparecen en los mitos griegos representados por las fuerzas e inteligencias de los siete planetas clásicos asociados a siete dioses. El cristianismo, en ambos casos, les otorgó significados y valores de mayor profundidad espiritual. Para una persona comprometida con su desarrollo espiritual resulta importante discernir entre fruto y don.

Respecto a los dones, estos están vinculados tanto al merecimiento como a su buen uso y aplicación responsable, pero la gracia de su concesión corresponde a Dios y solo Él conoce el sí o el no y el cuándo.

La palabra espíritu, proveniente del latín, significa aliento y es la misma que el pneuma griego que significa respiración. En ambos casos, como en la palabra bíblica hebrea ruach, la idea del suave viento también está presente. Respiración, cálido aliento que suma humedad, viento que porta semillas de vida. Recordemos que los neter egipcios- dioses- eran representados por las banderolas que se colocaban en las fachadas de los templos y que el viento mecía suavemente… y a veces ese viento venía con el aroma del loto, venía con el recuerdo de Dios.   

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