REENCARNACIÓN Y CRISTIANISMO

REENCARNACIÓN Y CRISTIANISMO

Esta es una respuesta a mi amiga S. que me pregunta por el tema de la reencarnación y el concilio de Constantinopla.

Después de que se extendiera por Occidente la idea de la reencarnación traída por los teósofos, han sido comunes los intentos de demostrar que esta idea ya estaba presente en el cristianismo en tiempos pasados. Esto hasta cierto punto resulta lógico, dado el origen cristiano protestante de los teósofos y la necesidad para muchos de encontrar una conciliación entre sistemas religiosos diferentes o, sobre todo, por encontrar un aval en el cristianismo a esta doctrina.

Sin embargo, no hay en el origen del cristianismo nada que lo avale, ni en los evangelios, tanto canónicos como apócrifos, ni en Hechos de los Apóstoles, cartas de san Pablo, etc., tampoco en la enseñanza de Jesús. Aquella afirmación a Nicodemo sobre “volver a nacer”, es evidente que se refiere al “segundo nacimiento”, un concepto bien conocido dentro del pensamiento esotérico y que no se refiere a la reencarnación. Además el cristianismo toma algunas bases doctrinales del judaísmo y en esta religión tampoco está presente la idea de la reencarnación. Sin embargo, sobre todo desde principios del siglo II, la influencia helenística se hace presente en el cristianismo y en ciertas corrientes, no todas, de la religión griega, sí aparecía la doctrina de la metempsicosis  que, por otro lado, tiene notables diferencias conceptuales de las ideas orientales de la reencarnación y de la que proponen los teósofos y la nueva era. Es decir, que cuando esta doctrina aparece, es porque es incorporada por los griegos, no porque  sea de origen cristiano. La metempsicosis está presente en Grecia desde antiguo,- más o menos desde el siglo VI a.d. C.- pero basta conocer un poco de la filosofía griega para saber de que no era compartida por todas las corrientes de pensamiento y eso se evidencia rotundamente con Aristóteles que no la contempla al desarrollar su tesis sobre la inmortalidad del alma. Es en el orfismo y el pitagorismo en donde podemos encontrar algo parecido a la idea de la reencarnación, pero con una enorme diferencia conceptual ya que el planteamiento inicial se debe a la búsqueda de una respuesta a la preexistencia del alma y, por decirlo de un modo muy sintético, la concepción triple de espíritu-alma-cuerpo- de estas doctrinas marcan una diferencia muy grande respecto a la de alma-cuerpo y, por tanto, la complejidad de los postulados órficos y pitagóricos va más allá de la idea de la reencarnación teosófica. Además debemos contar con que los textos que se conservan de estas escuelas son muy pocos  y tenemos sobre ellos más especulaciones que certezas, por ejemplo, en los famosos Versos Aureos pitagóricos no se encuentra la idea de la reencarnación.

Con esto quiero señalar que cuando se dice que los órficos creían en la reencarnación, no significa en absoluto que creyeran en esa idea de la reencarnación de la nueva era o teosófica, pues es evidente que parten de principios diferentes y de contextos doctrinales distintos.

Algunas fuentes que proponen esa hipótesis, afirman que en el concilio de Constantinopla se trata el tema de la reencarnación y que Orígenes defendía esa idea. Creo que es una forma de forzar la historia porque en ese concilio principalmente se trata el grave problema que representaba el arrianismo. En esos primeros siglos del cristianismo se debaten sobre todo las disputas cristológicas acerca de las naturalezas, divina y humana, de Jesús y su  integración en una misma persona, y sobre la Trinidad y la naturaleza de su composición una y trina. Sobre estos temas es sobre lo que giran, y es constatable por las actas de cánones de los concilios, sus debates en los que se lucha por imponer unas u otras doctrinas al respecto. Algunos defensores de que el antiguo cristianismo contenía la idea de la reencarnación dicen que Justiniano manda eliminar de los textos tanto del Antiguo como Nuevo Testamento las referencias a la reencarnación, pero no hay una sola prueba de ello. Además, es fundamental comprender la propia coherencia interna de una creencia o doctrina. La idea de la reencarnación es muy coherente dentro  del hinduismo, pero no lo es en absoluto con los planteamientos filosóficos y teológicos cristianos donde prevalece la idea de la Resurrección. En el concilio II de Constantinopla, donde supuestamente se dicta contra la reencarnación, es cierto que se debaten las tesis de Orígenes, del cual poseemos pocos escritos, pero no olvidemos que Orígenes es discípulo de Amonio Saccas al igual que Plotino por lo que la Eneada IV de Plotino sobre el alma nos da una enorme información sobre el debate de la pre existencia de las almas que, en ningún caso se refiere a la reencarnación. Tampoco hay pruebas concluyentes de que este tema fuera tratado en el concilio, pues las divergencias con algunos otros de los planteamientos de Orígenes eran más importantes.

Una autoridad internacional en la materia como es Antonio Piñero ni siquiera menciona este debate en los capítulos que dedica a “Las grandes disputas teológicas de los siglo IV y V” en su obra sobre las diferentes doctrinas de los antiguos cristianos en su libro Los cristianismos derrotados de obligada lectura para cualquier persona interesada en el cristianismo antiguo. Como esta obra y otras muchas demuestran, la idea de la metempsicosis tenía una mínima relevancia frente al cumulo de asuntos doctrinales a los que en aquella época se enfrentaban sobre todo los que concernían a la divinidad de Jesús, a la naturaleza de la salvación y a la resurrección.

No hay que olvidar que si el helenismo por medio de Aristóteles principalmente aporta la idea de alma, los cristianos aportan la idea de “espíritu” haciendo una diferencia entre ambos conceptos que implica la necesidad de incorporar un nuevo elemento doctrinal en un marco teológico. Además, conceptos tales como el de las emanaciones o “procesiones” del Logos, en dónde reside la conciencia de la individualidad, la naturaleza de las distintas sustancias divinas y su expresión en el ser humano, o la existencia de un Alma Universal previa a las almas individualizadas, son premisas que los distintos filósofos helenistas-cristianos tuvieron presentes, entre otras muchas, en sus aportaciones doctrinales.

Por resumir, existía debate entre los que consideraban que el alma nacía a la vez que el cuerpo- como un fuego- y fruto de la presencia del Espíritu en la carne y los que consideraban que, en cambio, el alma era pre-existente y emanada del Logos como forma pura. Asimismo, otros creían que esas almas al salir del Logos iban perdiendo su pureza según “descendían” y, en ese descenso, ya adquirían “pecado”. Pero no se consideraba en absoluto que esas almas tuvieran ya una individualidad consciente ni que gozasen de volición.

Orígenes fue un pensador excepcional, un místico y uno de los grandes teólogos del cristianismo y, desde luego, conocía la propuesta de la metempsicosis o transmigración de las almas y en uno de los pocos escritos que se conservan, dice expresamente en una carta que la idea de la reencarnación no es compatible con el cristianismo. Repito que para cualquier filósofo y teólogo de la época la idea de la metempsicosis era bien conocida y basta para ello leer a Platón o El tratado del alma de Aristóteles que la ignora al igual que san Agustín, pero por eso mismo no había necesidad de ocultarla o prohibirla  sobre todo dentro del contexto filosófico en donde se desarrolla el cristianismo. Y, repito, Aristóteles es la prueba en lo que respecta a la filosofía griega y Orígenes y san Agustín en lo que respecta al cristianismo, sin olvidar las aportaciones de Plotino.

No hay nada oculto ni extraño, sencillamente dejan de lado la idea de la reencarnación de un modo perfectamente consciente porque la consideran superada o de menor contenido y aportación que otros planteamientos metafísicos que suponen de más valor y más importantes. El hecho de que la idea de la metempsicosis o reencarnación dejara de ser considerada no se debe al dictamen de ningún concilio sino a que la filosofía griega y la teología cristiana elaboran y se preocupan de otros aspectos doctrinales que consideraron de mayor valor filosófico y espiritual.

Precisamente Orígenes o san Agustín se proponen demostrar la superioridad filosófica y metafísica del cristianismo respecto al ideario pagano que incluía la metempsicosis en su discurso.

Otro ejemplo lo tenemos en el hermetismo, con su fuente en la religión egipcia y de claro contenido helenístico, que tampoco considera la reencarnación como es palpable en su literatura clásica como el Poimandrés o Asclepios.

Por lo tanto podemos resumir:

-La idea de la metempicosis ( reencarnación) no es originaria del cristianismo, si no que llega a él a través del helenismo.

-Esta idea es conocida en Grecia sobre todo entre los órficos y pitagóricos. La concepción órfico-pitagórica de la metempsicosis difiere muchísimo de la de la reencarnación teosófica o nueva era.

– Cuando se dice que en el antiguo cristianismo se creía en la reencarnación me parece una distorsión cuando no una manipulación pues solo encontramos esta idea en el helenismo de corte órfico-pitagórico cuyos idearios poco tienen que ver en cuanto significados y valores espirituales con la teosofía.

-Tanto Aristóteles en Grecia, como Orígenes, Plotino, san Agustín y otros cristiano-helenísticos conocían perfectamente la metempsicosis y, o simplemente abandonan esa idea, o consideran que respecto a la espiritualidad hay otros elementos más importantes que merecen su atención.

-Por tanto, no parece que tenga ningún sentido que se intentara “ocultar o desterrar” en un concilio una idea sobradamente conocida y ya debatida.

Desde mi punto de vista, es evidente que Occidente, deja atrás por medio del cristianismo y después con el islam, la idea de la reencarnación que, sin embargo, como dije en la entrada anterior, es una creencia mucho más fácil de aceptar por cualquier intelecto y mucho más consoladora.

La verdad es que nunca he entendido bien esa necesidad de ponerle al cristianismo, o a cualquier otra religión, ideas que no son suyas, en el entendimiento de que todas las religiones tienen sus propias aportaciones y, justo ahí, es donde reside su valor. Pienso que así, debido precisamente a esas diferencias, es más fácil para cada persona elegir su propio marco de creencias.

En este sentido, una de las principales aportaciones del cristianismo- luego también del islam- es que plantea otra alternativa a la idea de la reencarnación. Y esto no es nuevo pues ya está presente en el sistema doctrinal del antiguo Egipto y luego aparece en las enseñanzas del hermetismo, de las escuelas alquímicas, la de los rosacruces (me refiero a los originales), etc., movimientos y escuelas que muy poco tienen en común con el teosofismo y la nueva era.

S. me dice que no queda clara mi posición personal en este tema. Efectivamente, no lo hago porque este no me parece el mejor medio para hacerlo aunque muchos lectores que han acudido a mis cursos conocen algo de mi opinión. Ni que decir tiene que tengo gran respeto a los diferentes relatos de las distintas religiones sobre este tema aunque sí que me he pronunciado sobre lo que pienso de lo que dicen al respecto la teosofía y la nueva era. En mi opinión es justo este el relato de mayor pobreza filosófica, con más carencias de conocimiento y sabiduría y con una ausencia  preocupante de espiritualidad real. Además, su propio origen alejado de una enseñanza auténtica, lleva aparejado el peligro de convertirse en ese tipo de pensamiento cerrado que impide ir hacia niveles más altos de comprensión, algo que, en el contexto correcto de las religiones nacidas de una fuente espiritual verdadera no ocurriría, pues estas, en su entendimiento justo, si permiten avanzar hacia mayores comprensiones.

El ideario sobre el “más allá” es un tema personal delicado, por eso, tratarlo aquí resultaría complejo ya que el tema es, en sí mismo, muy complejo y requiere premisas, contextos y conceptos previos sólidos sobre los que partir.  El “más allá” pertenece al ámbito del “misterio”, pertenece al último velo de la existencia y ese velo es imposible descorrerlo si antes no se han levantado los velos anteriores.

Con esto quiero dejar de tratar el tema de la reencarnación, al menos durante un tiempo.

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