CUERPO DE CRISTO

CUERPO DE CRISTO

En atención a mi gran amiga V.

Desde el Medievo, concretamente desde 1264, la iglesia instauró la fiesta del Corpus para celebrar el sacramento de la eucaristía o, más concretamente, su misterio.

Como ya he comentado en otras ocasiones, en el cristianismo se conservan claves de conocimiento de mucha trascendencia en términos de crecimiento espiritual y, sin duda, la eucaristía es uno de los principales.

Según establece la doctrina cristiana, este sacramento lo instaura Jesús el jueves santo en la Última Cena cuando da a sus discípulos pan y vino acompañando este acto con las palabras “este es mi cuerpo, esta es mi sangre”; por así decirlo este es el inicio de un “proceso” que sigue con todos los acontecimientos que conocemos de la Semana Santa: prendimiento, pasión, muerte y resurrección. Continúa con Pentecostés, o sea, la llegada del Espíritu Santo con sus dones 50 días después de Pascua y 10 días después, o sea, 60 días a partir del domingo de Pascua, se celebra el Corpus aunque, en medio de ambas celebraciones tenemos el domingo de la Santísima Trinidad.

Este es uno de los dos grandes ciclos temporales dentro del calendario litúrgico que siguen uno al otro:

-El del nacimiento que empieza con la preparación de Adviento, la Natividad y sus distintos episodios que culmina con la Epifanía.

-El de la muerte que comienza con Cuaresma, sigue con Semana Santa y culmina con Pentecostés.

En ambos casos hay una preparación previa: Adviento y Cuaresma; unos episodios específicos que relatan un proceso: Natividad y Semana Santa; un resultado o fruto: Epifanía y Pentecostés y la culminación de ambos procesos queda mostrada en el Corpus.

A su vez, todo el proceso sigue un calendario preciso. Tomo como referencia el año 2020. Las fechas de estos ciclos cambian pues si bien la de Navidad es fija, la de Semana Santa es variable ya que obedece al calendario lunar. El domingo de resurrección se fija el primer domingo después de la primera luna llena de Aries (primavera).

-ADVIENTO de adventus (venida). Desde 29 nov. a 24 dic. (Navidad). Este periodo dura entre 22 y 28 días pues requiere que se incluyan los 4 domingos previos a Navidad.

-NAVIDAD: desde el 25 de diciembre (Navidad) al 6 de enero (Epifanía)

Entre Epifanía y Cuaresma se sitúa Carnaval que, bien entendido, representa la primera forma de purificación.

-CUARESMA.  Desde el 26 de febrero a 9 de abril. Este es un ciclo de 40 días previo a Semana Santa. Comienza el miércoles de ceniza y concluye el jueves santo, institución de la eucaristía. En la actualidad son más de 40 días como vemos en este año 2020, pero en la antigüedad se conservaba este periodo que 40 días que, en términos “astronómicos”- no puedo expresarlo de otra manera- tiene su significado en cuanto representa sobre los 360 grados de un zodiaco,  9 ciclos de 40 días. Es una etapa de purificación.

-SEMANA SANTA. Desde viernes santo a domingo de Resurrección o domingo de Pascua. Actualmente la Semana Santa contempla la semana entera que comienza el domingo de Ramos y termina el domingo de Resurrección o Pascua. Pero, en términos mistéricos muestra exclusivamente 3 días: viernes (muerte); sábado (silencio, reposo, tumba); domingo (resurrección).

-PENTECOSTÉS. Ha sido el domingo 31 de mayo. Se celebra la llegada del Espíritu Santo 50 días después de la muerte y resurrección del Hijo. Aquí culmina el tiempo de Pascua. En las iglesias ortodoxas se celebra a la vez este mismo día la hipostasis referente a la Santísima Trinidad. En el catolicismo se celebra el domingo siguiente.

-CORPUS CHRISTI. Se celebra 10 días después de Pentecostés y ha sido el 11 de junio.

Como vemos, estos dos procesos vienen a significar, más menos, la mitad del año. En este caso, desde el 29 de noviembre hasta el 11 de junio.

En realidad muestra el tiempo de lo “sagrado” que lo diferencia de lo “profano”. En otras culturas este inicio sacro empezaba el solsticio de invierno y el inicio profano el de verano; esto quedó inscrito en las celebraciones de Navidad y las de san Juan. Hay que entender como profano, el tiempo de maduración de la naturaleza humana que ha de prepararse adecuadamente a la “venida” o Adviento.

Y volvemos a la eucaristía, al Corpus. Es curioso que el final de un ciclo “metafísico” termine con el “cuerpo y la sangre”, sin embargo es coherente  ya que la “venida” muestra el otro gran “misterio” cristiano: la encarnación. Desde esta perspectiva de encarnación en carne y sangre, es coherente, que la resurrección que anuncia el cristianismo sea también del cuerpo de carne y sangre.

Por así decirlo, en Adviento se muestra esa “venida”- naturalmente se refiere a cuando lo “divino” encuentra la forma pura en la que convertirse en carne- y en el Corpus, en la eucaristía, se muestra el modo en que eso se produce: a través de la “ingesta” de la sustancia divina representada en las dos formas de pan y vino que, en el juicio final y la resurrección de los cuerpos, asegurará al fiel quedar a “la derecha”,  en el lugar de los justos. 

Dentro de las más importantes aportaciones del cristianismo- emanado directamente de Jesús- es que sin esa nutrición espiritual no se produce la “encarnación” de la divinidad que, en el encuentro de un sustrato puro- la Virgen- pueda producir el “segundo nacimiento” en lo Real y asegurar esa resurrección que representa vencer a la muerte. Sin esa nutrición espiritual, también mostrada como “agua de Vida” no hay tampoco crecimiento espiritual.

Sin embargo, la verdadera pregunta reside en el cómo se produce esa transubstanciación,  es decir, como se produce el milagro de que unos alimentos (elementos) comunes se transformen en “divinos” y transmisores y, a la vez, susceptibles de ser incorporados en el ser humano; cómo antes se produce el paso de un “estado espiritual” a la materia; qué condiciones se precisan para ese “paso”; qué cualidades ha de tener esa materia para absorber esa sustancia y ser transformada; cómo esa sustancia por medio de su inteligencia específica busca la forma, una forma que es, a su vez, expresión de su función, y cómo se incorpora, se integra y se metaboliza en el ser humano para procurar su crecimiento espiritual verdadero.

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