ESOTERISMO DE SALÓN

SOBRE TEMPLARIOS, ESENIOS Y EL IDEARIO ESOTÉRICO

Esta es una respuesta a un lector, a E. respecto a los actuales idearios esotéricos.

No creo que los templarios tuvieran un patrimonio de conocimiento iniciático superior al de otras órdenes coetáneas como la de los Caballeros de San Juan o la del Santo Sepulcro. Desde mi punto de vista es esta, fundada en Jerusalén por Godofredo de Bullón, la que marca el camino de las demás y la que, en mi opinión, más cerca está de un esoteros y la primera que incorpora a su actividad elementos tomados, por un lado del sufismo y, por otro, de los cultos mistéricos que sobrevivían en esa época de su fundación. Así mismo entran en Tierra Santa en contacto con fuentes cristianas más puras y, casi con seguridad, con los drusos. De esta orden beben templarios y hospitalarios.

El hecho de que sea el temple la orden que ha pasado al ideario de la divulgación esotérica se debe por un lado a la acusación y proceso que sufrió por cuestiones políticas y económicas ante los poderosos enemigos del rey francés y el papa de Roma, pero su condición de “herejes” era compartida por las otras órdenes que, sin embargo, fueron más discretas o capaces de pasar más desapercibidas. Creo que la caída del temple se debió a su “tentación” de meterse en política sustentados por su gran poder económico. Pero la traición sufrida y la suma del poder de Roma y el rey de Francia fueron más fuertes. Como bien sabemos sufrieron un proceso cruel y muchas de sus confesiones fueron debidas a la tortura por lo que los textos que se conservan sobre sus declaraciones no son fiables. Tanto el rey de Francia como su aliado el Papa de Roma se quitaron de encima un poderoso enemigo que amenazaba sus propios ámbitos de poder. 

Después de la Reforma, cualquier “munición” le era útil al lado protestante para acusar a la “demoníaca” iglesia de Roma  de cualquier cosa con motivo o sin él y los templarios fueron una buena excusa para ello; de este modo asistimos al enaltecimiento desmesurado de sus virtudes lo cual, lógicamente, destacaba aun más la villanía de sus enemigos en donde quedó casi como exclusivo y único malvado la Iglesia de Roma olvidando que el principal promotor e impulsor del fin de los templarios fue el rey francés. Pero fueron casi 200 años de historia templaria y no todo muestra siempre una conducta edificante por parte de sus miembros. Valgan como ejemplos, la conducta deplorable de su gran maestre Gerard de Ridefort en la batalla de los Cuernos de Hattin, las recurrentes acusaciones a su condición de prestamistas que usaban la usura para enriquecerse, su laxa moralidad o su actitud pusilánime en la defensa de Calatrava, aquí en España. Es decir, ni eran esos demoníacos herejes llenos de maldad, ni los impolutos ni santos caballeros detentores de todas las virtudes y en posesión de todos los misterios iniciáticos o, incluso, nada más ni nada menos, que custodios del santo grial. Ni una cosa ni otra.

Para llegar a estas conclusiones solo hace falta leer algunos aburridos textos de historia y ver de qué modo llegan los templarios al ideario esotérico masónico y rosacruz (me refiero a la rosacruz moderna, no a la fundacional) en el siglo XVIII y XIX y como son utilizados por autores como el masón Robert Amebelain. De este autor parte principalmente la “devoción” más  moderna a los templarios como bien se manifiesta en su obra publicada en 1955 Les survivances initiatiques. Templiers et Rosecroix y, sobre todo, en su libro de 1970 Jesus ou le mortel secret des Templiers  de donde toma Dan Brown el argumento de su novela  El Código da Vinci. Después, como tantas veces, solo se trata de esperar a que una serie de afirmaciones se repitan hasta la saciedad y que distintos autores se copien unos a otros.

Por mi parte, quiero llamar la atención sobre otras órdenes como la de los Antonianos- tremendamente importantes en términos iniciáticos para Occidente y muy discreta-, fundada en 1095 y sobre la primera orden de caballería que se funda en Europa y que es la de la Jarra o la Terraza fundada en Nájera en 1040. La del Hospital u orden de San Juan es fundada en 1084 y  la orden del Santo Sepulcro en 1098 y. El Temple fue fundado en 1119.

Respecto a esta orden de San Juan u hospitalarios, fundada en el reino de Nápoles, singularmente maltratada por la historia y, especialmente por los historiadores y “esotéricos” franceses, quiero destacar la olvidada pero interesantísima figura de uno de sus grandes maestres el aragonés Juan Fernández de Heredia (1310-1396) que además fue un gran político, militar, diplomático, intelectual, humanista  y escritor. Fue promotor de las primeras traducciones del griego clásico y fundó un scriptorium similar al de Alfonso X que produjo la Grant Cronica de Espania , un famoso speculum principium  llamado “Secreto de los secretos” o traducciones de las “Vidas paralelas” de Plutarco o un Cartulario Magno entre una numerosa producción. Su obra fue heredada por el Marqués de Santillana, otra parte por el “Papa Luna” y actualmente se conserva la mayoría de su producción en la Biblioteca Escurialense y en la Biblioteca Nacional.

Traigo a la memoria este interesantísimo personaje que, claramente tiene un perfil heterodoxo, para mostrar que a veces hay corrientes triunfantes que dan lustre a determinados personajes o grupos y, en cambio, se deja en el ostracismo a otros. Respecto a esta conducta natural de poner en valor lo propio- aunque en ocasiones sea exagerado o simplemente inventado-que vemos comúnmente en ingleses o franceses, en España mostramos una curiosa excepción ya que preferimos y privilegiamos lo ajeno frente a lo propio. Un ejemplo es el olvido de Juan Fernández o la ignorancia  o desinterés que existe respecto a la que fue la primera orden de Caballería de Occidente, la mencionada orden de la Terraza o de la Jarra que tiene como emblema un símbolo griálico, mito que por cierto se desarrolla en la Jacetania aragonesa.

Si los franceses tuvieran en su historia a esta orden “griálica”, me atrevería a asegurar que todos los lectores del “esoterismo medieval” estarían al cabo de la calle sobre su historia y estaría ya rodeada de grandes misterios. Y no digamos si un personaje como este gran maestre de los hospitalarios hubiese sido francés y no un nativo de un pequeño pueblo vecino a Calatayud: su vida y obra habría sido profusamente divulgada y sería citado en cualquier tratado esotérico como gran iniciado.

Por último, destacar que para comprender el “triunfo” templario frente a las otras órdenes con las que compartió historia, además del cruel proceso que sufrieron, se debe a la creación del rito de la “Estricta observancia templaria” que fundó el barón Karl Gotthelf von Hund en 1751 en Alemania. La decisión de este barón iniciado en la masonería para restablecer la orden del Temple, le llevó a escribir él mismo los rituales y crear un ceremonial propio. A su vez, tenía el propósito de que se le devolviera- a la orden creada por él- las antiguas posesiones medievales que tuvieron los templarios en Europa. Para ello proclamó que era un legítimo sucesor de la orden original y, para atraer a otros masones a su logia con el nuevo rito, promovió la idea de que el temple- y por tanto él como sucesor- poseían profundos secretos esotéricos. Actualmente, está definido como un rito masónico mixto y la masonería, en general, especialmente la escocesa, lo acepta como propio y heredero de la orden medieval. Sin embargo, no se conoce nada que avale esta aceptación.

Obviamente, en el amplio marco masónico, el Temple adquirió unas señas que la dignificaban frente a todas las demás órdenes caballerescas que, y esto es muy importante, fueron asimiladas completamente por la Iglesia de Roma y perdieron todas sus características heterodoxas e iniciáticas. Respecto al presente, yo he conocido al menos cinco órdenes neo-templarias, con sus propios y distintos rituales, que reclaman ser herederos de la orden medieval aunque es posible que existan más. Por último, es un deber recordar que, con bastante seguridad, toda la historia caballeresca de Occidente tal vez no hubiera tenido el mismo significado sin los Textos sobre caballería espiritual de Ibn Arabi que, por cierto nació en Murcia y tuvo sus maestros en Al Andalus. Por otro lado, es muy recomendable para entender todo el entramado de creencias medievales leer el libro El islam y el grial de Pierre Ponsoye.

Pero haber subido a los templarios al pedestal del mito, no es este el único caso. Valgan también los ejemplos de los cátaros o, más sorprendente aun, el de los esenios. En ambos casos se les supone a estos grupos un saber del que no hay ninguna prueba de lo tuvieran más allá de las especulaciones que, otra vez, vinieron de Francia ya que es en este país donde, como ya he contado en otras entradas, aparece un esoterismo de salón y sin raíces que sustituye al conocimiento tradicional . Sobre las fantasías respecto a los cátaros ya escribí en este blog; respecto a los esenios no hay demasiado que decir. Tenemos muchos datos de ellos; desde los textos de Flavio Josefo hasta la opinión de grandes especialistas en judaísmo y cristianismo antiguo y en ningún parte se aprecia nada especial que pueda llevarnos a pensar que estuvieran en posesión de un conocimiento superior,  más allá de que pudiera ser una comunidad apocalíptica que esperaba el fin de los tiempos, que se esmeraban en llevar una conducta virtuosa ante la inminente llegada del mesías y que, como buena comunidad judía, tuviera numerosas y estrictas reglas que seguían escrupulosamente .

El hecho de que los esenios pasen al ideario esotérico se debe, una vez más, al médium, ya mencionado en este blog, fundador del espiritismo, Allan Kardek.  Luego se suma a esta idea la médium fundadora de la Teosofía, Elena Blavatsky y, como tantas veces, aparecen después otros que copian a estos y continúan “hinchando el globo” al igual que sucedió con los templarios. Es el músico y novelista francés Edouard Schure el que publica en 1889 Los grandes iniciados y en esta obra dedica un capítulo a la relación de Jesús con los esenios como ya lo había hecho Kardek. El que continuó con ello creando un auténtico filón literario fue Bordeaux Szekely, prolífico autor que publica en inglés en 1937 El Evangelio de los esenios. Él afirmó que era una traducción de un texto de la época de Jesús sobre el que no ofrece ningún dato confiable, ni la más mínima prueba  y cuyo manuscrito original nunca ha sido encontrado; además para cualquier persona que conozca medianamente el cristianismo, todos los textos de Szekely muestran un desconocimiento enorme sobre sus enseñanzas y claramente manipula la figura de Jesús. Este autor utiliza el nombre de los esenios, ya en esa época con un gran interés hacia ellos por parte “del mundo espiritista” para dar a conocer sus ideas sobre ayunos y alimentación afirmando con contundencia que Jesús era vegetariano y que predicaba el vegetarianismo entre otras opiniones personales que vierte sobre Jesús y su enseñanza completamente alejadas de un mínimo conocimiento. De hecho, Szelely sigue los mismos pasos de otros antes como el propio Kardek o Josefína Luque Álvarez, autora mediúmnica (escribía con el seudónimo de Hilarión del Monte Nebo) de un libro extensísimo sobre Jesús llamado Arpas eternas de “fabricarse” la figura de Jesús a su medida y capricho. Algo recurrente en la nueva era y entre el esoterismo de salón.

Dada la información que actualmente se tiene sobre esta secta judía, como en tantas otras veces, llegamos a una frontera en la que ya depende del nivel de credibilidad que cada cual otorgue al mediumnismo o a la canalización. Por mi parte, para mí es absolutamente insuficiente que un individuo como Kardek pusiera en el escaparate esotérico a esa comunidad judía a través de su mediumnismo. Para dejar mi posición clara, no me creo absolutamente nada respecto a todo lo que Kardek afirma, creo que más de la mitad de las afirmaciones de Blavatsky pertenecen a la fantasía y creo que todo lo que escribe Szelely sobre los esenios es una invención nacida de su propio credo y de esa “moda” de crearse un Jesucristo y un cristianismo a la medida para validar opiniones personales.

Hoy en día es difícil de creer que en esa época para algunas personas fuera suficiente para ellos que un autor dijera que “se lo decían los espíritus” para que a sus afirmaciones, por más disparatadas que fueran, se les concediera una credibilidad sin más base que esa misma afirmación. Sin embargo en aquellos tiempos era muy común, hoy sabemos que quedan todavía algunas personas ancladas en la nueva era para las cuales también sigue siendo suficiente que alguien diga  por “canalización” el primer disparate que se le ocurra para que sus afirmaciones queden confirmadas. Gracias a Dios esos tiempos están cambiando y esas fantasías e invenciones cada vez tienen menos público aunque siempre existirán los que lo prefieren a la realidad del conocimiento.

“Mientras no se pueda distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche. Aquellos cuyo alimento es el autoengaño y la fantasía, solo con engaño y fantasía pueden ser alimentados”.

           (Extracto de un cuento sufí  tomado del libro El Monasterio mágico de Idries Shah)

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