LOS HIJOS DEL INSTANTE

LOS HIJOS DEL INSTANTE

En el sufismo encontramos una enseñanza referida a los llamados “hijos del instante”, personas que se relacionan con la vida de modo diferente a como lo hacen los “hijos del tiempo”.

Esto se refiere al hecho de quien es capaz de percibir el instante y no lo deja pasar en la comprensión de que ese instante tiene una calidad y cualidad precisas así como una enseñanza específica. Así también está atento a lo que se debe hacer en cada momento, en cada instante, y que sabe que lo que no se cumple en ese instante único ya no es posible que sea cumplido.

Es por ello que los “hijos del instante” fijan su Presencia en el presente, en el instante, ese instante que vive entre respiración y respiración. Ellos no dejan que su libertad quede presa bajo el peso de las cadenas del pasado o del futuro. Ni el pasado ni el futuro son reales: pertenecen a la ilusión porque no están bajo el gobierno del “hacer”. Lo que es en el instante, es real.

En Grecia se conocía como kairos a ese momento importante que pasa comúnmente desapercibido si no se está atento. Significa “momento adecuado y oportuno”  y es un momento “en el que Dios está”. Asimismo kairos es de naturaleza cualitativa mientras Cronos, el tiempo común, es cuantitativo. Igualmente, cuando kairos pasa, ya no vuelve a pasar.

Vale también el mismo concepto de los romanos de carpe diem. La frase completa de Horacio es carpe diem quam mininum credula postero o lo que es lo mismo “ aprovecha el día, no te fíes del mañana”. Esa advertencia sobre el mañana del que no hay que fiarse se debe a que ese mañana es muy capaz de matar el presente. Los “hijos del instante” saben que el futuro ha de ser consecuencia del instante, pero el instante no puede ser condicionado por el futuro.

Son los “hijos del tiempo” los que viven atados a Cronos, ese Cronos que devora a sus hijos. Esos hijos son los instantes que mueren a manos del tiempo, a manos de mañana que no existe aún o, lo que es peor, a manos de un pasado que es ya solo un fantasma que acecha en la mente pero que no es real.

Una enseñanza al respecto es que el cuerpo solo sabe vivir el presente; él sabe si ahora hace frío o calor; si está a gusto o en paz o si no lo está, si se encuentra bien o mal…, pero no mañana o ayer, sino en ese mismo instante. Pero a veces la mente es capaz de forzar al cuerpo a vivir aun en el pasado o lo limita y asusta frente al futuro; este es un tipo de violencia que la mente, subordinada a Cronos, ejerce sobre el cuerpo y que es capaz incluso de provocarle daños. Hay que recordar de nuevo que el cuerpo solo sabe vivir en el presente y que, además, es inocente en el cumplimiento de sus funciones y en su relación con la Vida. En el instante solo hay lo que es y, por tanto, solo le pertenece al Ser. En el instante existe la posibilidad de que Consciencia y Ser se unifiquen por medio de la Presencia.

El tiempo es fruto del movimiento, el movimiento es fruto de la acción, la acción es, comúnmente, fruto de la necesidad, del deseo o del miedo y, bien lo sabemos, el deseo y el miedo solo habitan en la mente menor. Mientras eso perdura, Cronos seguirá devorando a sus hijos, a los “hijos del tiempo”.

¿Es posible que la acción se asocie al instante? Los “hijos del instante” dicen que sí y que esa es la manera de alcanzar la libertad.

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