PRANA, CHAKRAS Y TANTRA

PRANA, CHAKRAS Y TANTRA

Me vuelve un lector a preguntar sobre los chakras y confirmo que doy crédito a los textos tradicionales que hablan de chakras entendiendo estos en su contexto tántrico. Sin embargo, creo que todo lo relativo a los chakras posterior al libro de Leadbeater y la Sociedad Teosófica y a su implementación en la nueva era, es fruto de una desinformación cuando no de una pura invención. Voy a intentar dar algunos datos para, en lo posible, aclarar ideas.

En el hinduismo tiene gran importancia el concepto prana que significa “aliento vital” y viene a significar la energía vegetativa asociada a la Vida y que no es perceptible a través de los sentidos.

Uno de los grandes libros de sabiduría del hinduismo- y afirmaría que de la humanidad- el Vivekasudamani o La joya suprema del discernimiento, dedica una pequeña parte al prana. Esta obra escrita en sánscrito y que pertenece a la tradición del advaita vedanta se atribuye al sabio Sankara y fue redactada en el siglo VIII.

En el Viveka se describen los órganos de percepción sensorial sensibles, son: la piel, las orejas, los ojos, la nariz, la lengua (sutra 92).

A continuación describe en el mismo sutra los órganos de la acción, son: la palabra, las manos, las piernas (locomoción), los de la excreción y los de generación (sexuales).

También en número de cinco el hinduismo menciona los tanmatra o elementos, son: el éter, el aire, el fuego, la tierra y el agua.

Volviendo al prana, este es descrito como una suerte de fluido sutil informe. Este prana participa de todo lo vivo. Este prana está también presente en el cuerpo y se manifiesta por medio de los “cinco soplos” que son:

Udana. Esta energía o soplo se encuentra entre la nariz y la parte alta de la cabeza y está vinculada a la nariz, los ojos, los oídos y el cerebro.

Prana. Esta energía o soplo se encuentra entre la nariz y el diafragma. Involucra la palabra, el corazón y los pulmones.

Samana. Esta energía o soplo está ubicada en torno al plexo solar y la zona del estómago e hígado. Está involucrada en todo el proceso de nutrición del cuerpo y sus órganos.

Apana. Esta energía llega hasta los pies y está involucrada en las funciones excretoras y de reproducción.

Vyana. Esta energía se encuentra repartida por todo el cuerpo y es distribuida por medio de miles de canales o nadis.

Estos “cinco soplos” están conectados entre sí a través de la columna vertebral y forman las “cinco ruedas de fuerza”.

Esta enseñanza está presente en todo el hinduismo y, lógicamente, también en el yoga vinculado a la enseñanza hinduista tradicional. Estos “cinco centros” también están mencionados brevemente en los Upasnishads; tanto en el Brihadaranyaka Upanishad  como en el Prasna Upanishads se encuentran enseñanzas sobre el prana y los cinco soplos vitales.

Por último cito el sutra 96:

“Los cinco órganos de la acción [ palabra, etc.], los cinco órganos de los sentidos [los ojos, etc.], los cinco elementos [fuego, etc.], los cinco pranas y el buddhi*, la adviya* y kama*, interrelacionándose, forman el cuerpo sutil”.

*buddhi: es el discernimiento capaz de distinguir la verdad de lo que no lo es. Es un órgano supraconsciente de carácter intuitivo.

*adviya: es la ignorancia espiritual.

*kama: es el apego especialmente a la sensorialidad y a los deseos.

Hay que recordar que el Yoga kundalini Upanishads (s.II d.d.C.) menciona muy brevemente los seis chakras. Muy posteriormente el Yoga tattva Upanishas (s.XV d.d.C.) vuelve a mencionar muy brevemente también el nombre de los seis chakras. La diferencia es que “los soplos” se refieren al prana mientras que los chakras se refieren a la sakti, es decir a la energía femenina. Es por eso que en la tradición hinduista y budista el trabajo tántrico con la sakti lo hacían los hombres ya que las mujeres “tienen incorporada la sakti” ya manifestada en su naturaleza.Por eso se dice que para la realización espiritual un hombre necesita a la mujer, pero la mujer no necesita a un hombre energéticamente hablando aunque, si lo tiene, le será más fácil.

Como sabemos a través de estos textos tradicionales, los chakras se circunscriben exclusivamente dentro del tantrismo. El tantrismo es una de las diferentes corrientes y formas de entendimiento y práctica dentro del hinduismo y del budismo. Tantra es una palabra que significa “tejido o trama” y está basado en el culto de la sakti, la forma femenina de la divinidad; en el budismo, especialmente el tibetano, se centra en la integración de las dos energías. Hay que recordar que en el Tibet, cuando llega el budismo, este se mezcla con la religión tradicional local, la bon, una religión animista, chamánica y mágica. Tomando como referencia el tantra hinduista, estas energías son la sakti femenina (se entiende en el hinduismo cualquier forma femenina de la divinidad, las devis, y son Sakti todas las diosas) y Shiva la masculina en una unión entre ambas que en ciertas prácticas incluye la unión sexual entre un hombre que encarna a Shiva y una mujer que encarna la sakti en un ritual llamado maituna. En este ritual, la sakti lleva la iniciativa pues es la energía la que despierta la consciencia; es decir sakti despierta a Shiva. La finalidad tántrica es el encuentro con lo femenino, primero como energía y luego como principio cósmico. Kundalini es el nombre que recibe esa energía en la forma de la serpiente que, cuando se activa, es susceptible de nutrir la conciencia. En el hombre, esa energía se activa ante la presencia femenina de la sakti. El tantra es “camino” de vuelta; como el Uno se manifiesta en el dos- masculino-femenino- que se precisan; nuevamente a través del dos, se regresa al Uno.

Sin la sakti, el hombre no es capaz de comprender en su inmensidad el misterio de la creación ni la verdadera naturaleza de la mujer en sus tres aspectos: virgen, esposa y madre. En el cristianismo este principio se idealizó en la figura de María, si bien entre ciertos grupos gnósticos también se utilizó el sexo como forma de ascesis. Esta es la perspectiva en la que el cuerpo es utilizado como instrumento de realización.

Shiva, la conciencia individual precisa de la energía sakti para poder alcanzar la conciencia unificada. El tántrico elige qué tipo de energía utiliza para ese acceso, una de ellas es la sexual pero hay otras; por ejemplo, los monjes tibetanos no utilizan el sexo. En el hinduismo clásico esa energía femenina o sakti ha sido identificada especialmente con la diosa Kali, la oscura, y hubo un tiempo en que sus seguidores usaron la energía de la violencia en su tantrismo que incluía sacrificios. A Kali se la presenta con aspecto fiero, de color negro, con una espada en la mano y rodeada de cráneos. Es por eso por lo que se ha hablado de un tantrismo de la “mano izquierda”. Kali, es también señora de la vida y de la muerte. Como destructora, es capaz también de destruir el mal. Era habitual para algunos tántricos meditar en cementerios y rodeados de cadáveres.

En cuanto a los chakras de los que tan prudentemente hablan brevemente los Upanishads mencionados, en realidad son los depósitos de energía de esas fuerzas que el tantrismo utiliza y que están vinculados a los “soplos” del siguiente modo:

. Chakra Ajna (entrecejo) corresponde al soplo Udana.

. Chakra Anahata (pecho) corresponde al soplo Prana

. Chakra Manipura (plexo) corresponde al soplo Samana

. Chakra Muladara (perineo) corresponde al soplo Apana

. Chakra Svadistana (ombligo) corresponde al soplo Vyana

Desde Vyana (un poco debajo del ombligo, es decir, desde la raíz) este soplo vital se extiende por todo el cuerpo. Este punto llamado hara en Japón y tan tien en China es un punto de encuentro de numerosos nadis que forman un “ovillo”.

Aunque la tradición budista Vayrayana hace referencia a cinco chacras vemos que según los mencionados Upanishads falta un chakra, Vishuda (garganta), pero en los “soplos” estaría incluido en el soplo Prana que involucra el habla. Sin embargo es cierto que entre el “soplo” de la cabeza y el del corazón se produce un encuentro entre ambos en la garganta que representa un “paso”. Dada la fuerza de la palabra, los tántricos incluyeron en sus prácticas “la palabra”; resultado de ello son esas voces haricas (de hara) japonesas o las de los lamas cuando recitan sus suras; voces potentes, graves y profundas.

Algunas doctrinas tántricas hablan de otro centro que, sin embargo, está fuera del cuerpo, lo llaman sahasrara, y no está mencionado en los textos clásicos.

Sin embargo, debemos entender que “numerar” chakras o “soplos”, se debe más a una necesidad del ser humano para intentar entender y codificar mejor la información. Además cada cultura, doctrina o época tiene sus propias referencias y preferencias. Hemos visto que en una época era muy importante la referencia a los siete planetas- presentes en las actividades del ser humano- pero era más importante aun la referencias a las doce funciones asociadas a los doce signos zodiacales. Esa referencia a los siete planetas es la que toma Leadbeater de la obra de Gichtel Teosofía Práctica (s.XVII) para su famoso libro Los chakras.

Volviendo al número siete, en el pasado su sacralidad asociada a lo orgánico tenía que ver con las famosas “siete puertas” (dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales y la boca) vinculadas a los misterios mayores de las religiones mistéricas. Por último tenemos también asociada a lo orgánico, es decir, a la concepción del cuerpo como templo, la idea de las tres estancias del templo: cabeza, pecho y abdomen. Y, como no, la dualidad resultante de la división derecha-izquierda con la referencia del eje central de la columna vertebral con el resultado de dos hemisferios cerebrales, dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales, dos pulmones, dos riñones y dos testículos u ovarios. A su vez, ciertas culturas y doctrinas han priorizado diferentes prácticas respecto a otras. Por ejemplo, la gran mayoría de corrientes budistas han priorizado la meditación sobre el trabajo tántrico muy minoritario. Este trabajo tántrico hoy es lento y peligroso en el sentido de que es muy fácil la desviación en lo que se refiere al logro de objetivos.

Es cierto que este peligro no existe hoy para todas las personas que, en el marco de la new age, incluyen los chakras en todas sus prácticas. Dado que solo se usa la imaginación o la fantasía respecto a un trabajo real con la sakti,  ni se incurre en ninguna desviación ni se alcanza ningún logro salvo los derivados del ejercicio de la disciplina y de la constancia, o de la positividad inherente a una intención sincera. Toda práctica real respecto al tantra y los chakras se asienta en unas complejas técnicas respiratorias que requieren mucha paciencia, disciplina y una guía muy experimentada. Requiere también una ascesis con aislamiento silencioso, alimentación frugal con ayunos, prácticas exigentes de control sensorial…etc., es decir, una práctica dura y larga que requiere de modo imprescindible de un guía experimentado en unos entornos vitales muy difíciles de lograr en nuestra vida actual.

En el rito maituna , es la sakti la que se ofrece a Shiva para “despertarlo”, es ella la que ofrece su energía a él que actúa como receptor, es un acto de entrega, de generosidad, ella sabe que sin su fuerza femenina, él no alcanzará el despertar último. Él, le entrega a ella su nivel de conciencia que ella absorbe y lo integra en su propia energía. Es un intercambio entre conciencia y energía. Cuanta más consciencia tiene él, más consciencia entrega, cuanta más conciencia tiene ella, más conciencia recibe; cuanta más energía tiene ella, más energía da, cuanta más energía tiene él, más energía recibe. Maituna “funciona” al contrario del acto sexual común; él toma las funciones de ella, actúa como receptor y ella toma las funciones de él, actúa como emisor. El resultado es que ambos aumentan y regeneran sus dos formas energéticas, la masculina y la femenina. En la relación de maituna se puede producir esa transmisión e intercambio solo con contacto sensorial y sin penetración sexual, e incluso algunos textos o autores, hablan solo de una unión metafísica. Este principio está descrito de modo similar en el Génesis en donde la serpiente (kundalini)  tienta (activa) a Eva, (sakti) haciéndole comer el fruto que les “abrirá los ojos” (despertar) y les hará “conocedores del bien y del mal” (viveka o discernimiento). Ella come primero y luego le ofrece a Adán (Shiva). La serpiente le “habla” a Eva pues en ella reside ya ese principio. La iniciativa es de Eva.

Los seis chakras según el tantra son ruedas móviles que concentran las energías antes mencionadas vinculadas a la nutrición con una función doble; la nutrición del respectivo prana a lo orgánico y la nutrición orgánica a lo pránico. Se conectan entre sí por medio del nadi principal shusuma. El nadi de la izquierda es el ida- femenino descendente-y el de la derecha pingala- masculino y ascendente-. Ida gobierna lo vegetativo o lunar y pingala lo consciente o solar. Entre ambos existen puntos de conexión.

En la ingesta de alimentos o la respiración, además de la nutrición orgánica que aportan, tanto los alimentos (la mayoría de ellos) y el oxígeno, llevan prana; cuando este prana llega a los chakras, estos lo “metabolizan”, y lo devuelven en forma de un prana elaborado a los órganos que les corresponden.

Además de los situados en el eje-columna y que actúan en ambos lados del cuerpo equilibrándolo, hay además otros destacables como el del hígado-bazo o los que están en las articulaciones (muñecas, codos, hombres, tobillos, rodillas, caderas) o los que se sitúan al principio y final de la columna (coxis y última vértebra). Además hay que destacar todo el “sistema lumínico” que hay en la cabeza o el propio “sistema lumínico” del pecho. El Maestro D.D. nos habló de la existencia de más de 900 de esos chakras divididos en “familias” además de la presencia de chakras fuera del cuerpo.

Recordemos también que en el cuerpo humano tenemos los “centros sutiles”, los lataif  del sufismo que se vinculan con la estructura o cuerpo espiritual del ser humano. Estos centros sutiles tienen distinto número según qué escuela sufí los cite, aunque lo común es que estén entre cinco y siete. Es muy interesantes que en el sufismo estos centros estén vinculados a profetas como Jesús, Abraham, Mahoma, etc.; es decir las distintas manifestaciones vivientes y ejecutivas de la cadena de conocimiento. La iconografía cristiana también ha representado los “cuatro vivientes” que rodean al corazón como los evangelistas, por eso es común ver la figura del tetramorfos, es decir a Jesús entronizado rodeado de los evangelistas o “las cuatro luces vivientes”.

Desde mi punto de vista, la aparición del esquema cerrado y diría que dogmático sobre los siete chakras difundido por la Teosofía y que se aplica a todo, es un error que ha desvirtuado la naturaleza y el significado de los chakras sacándolos de su contexto tántrico y a los que se ha conferido una importancia desmesurada y desproporcionada a pesar de plantear esencialmente una doctrina reduccionista y simplista. La estructura energética humana es enormemente compleja y va desde unos sistemas más generales a estructuras muy especializadas y precisas y abarca desde ámbitos exclusivamente orgánicos a otros de alto nivel espiritual. Así mismo, el “dogma chakra” ha hecho que otros referentes en el ámbito de otros sistemas de conocimiento hayan quedado relegados a pesar de ser muy valiosos y reveladores. Es por esto que, en aras de recuperar enseñanzas tradicionales que tienen el aval de una sabiduría contrastada, sea preciso volver a las fuentes clásicas y revisar de vez en cuando conceptos e ideas para evitar errores, distorsiones o, simplemente, falsedades.

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