TRABAJO ESPIRITUAL Y CRECIMIENTO: LA ESPIRITUALIDAD REAL

TRABAJO ESPIRITUAL Y CRECIMIENTO: ESPIRITUALIDAD REAL

                                   “La única manera de conocer a Dios es unirse a Él”.

                                                                       MÁXIMO EL CONFESOR

Un buen amigo me ha propuesto que escriba sobre qué es la espiritualidad real. Algo bien difícil, pero lo intentaré.

En principio y apelando a lo más sencillo, un trabajo espiritual real es aquel que procura un crecimiento espiritual, es decir, produce un fruto.

Valga el ejemplo de una persona que va a un gimnasio, al poco de seguir un entrenamiento verá resultados. Si no hubiese esos frutos después de un tiempo razonable, entendería que algo no está haciendo bien. 

En cuanto a espiritualidad, lo primero sería determinar el contenido de la palabra espíritu y propongo como aceptable la premisa de que el espíritu es aquel elemento constitutivo del ser humano capaz de ofrecer y recibir aquello que trasciende, mientras permanece inmutable en su naturaleza independiente y al margen de lo fenoménico conservando su condición “real”. Asimismo está fuera del tiempo. Desde esta perspectiva podríamos definir como espiritualidad real todo lo que participa de esta naturaleza y que, en nuestro plano, procura la trascendencia, entendido este concepto como la elevación a Dios y su fusión en Él de lo que pertenece a nuestra individualidad. Por tanto, un trabajo espiritual se estaría refiriendo a algo “real”, ni simbólico, ni abstracto, ni perteneciente al ámbito de las ideas o creencias. A su vez, es un trabajo “viviente”.

Propongo también la premisa de que lo perteneciente al espíritu puede nutrirse y crecer en lo real. Y que esa nutrición puede obtenerse en esta vida y a través de la propia vida. Al igual que el cuerpo no trasciende y al morir regresa de nuevo a su naturaleza de la que fue constituido, la mente, entendida como depósito de cultura, creencias y memoria (incluida la memoria del yo biográfico como constructo ), tampoco trasciende, al igual que no lo hace ese otro constructo que llamamos personalidad.

Y al igual que el cuerpo regresa y se integra en aquello que lo originó, mente y personalidad regresan y se reintegran en aquello que fue su origen. Y ese origen está en lo fenoménico, en lo impermanente y temporal. Nuestro físico, nuestra mente y nuestra personalidad  nacen del mundo, se nutren del mundo y regresan al mundo. Eso no significa que cuerpo, mente y personalidad- entendida como el personaje que utilizamos para interactuar con lo fenoménico de la existencia- no deban ser cuidados, al contrario, siendo uno la sede de la vida y los otros instrumentos de interacción con el mundo, es preciso que gocen de salud, equilibrio y bienestar y hay que procurarse los medios para ello, pues es a través de ellos, como la espiritualidad se expresa. Para lograrlo, hay numerosas disciplinas buenas, eficaces y útiles, aunque hay otras muchas inútiles e incluso nocivas o simplemente son pérdidas de tiempo o únicamente alimentan la ilusión. Sin embargo, ese cuidado del cuerpo, la mente o la personalidad, siendo un trabajo benéfico y necesario, no debe de ser confundido con un trabajo espiritual pues sus frutos son distintos.

Es interesante también entender que cada cosa tiene su propio lenguaje y que sus vías de acceso son distintas. No nos podemos acercar a la música a través del olfato; su código de acceso es el oído. Lo mismo pasa con el “espíritu”, no nos podemos acercar a él ni hacer un trabajo real si utilizamos vías de acceso que no nos conducen a él. Solo podemos acercarnos a lo espiritual a través de lo que el espíritu reconoce e identifica como propio. Le podemos cantar salmos y mantras a una planta y meter la maceta en un castillo dorado lleno de ángeles y unicornios, pero la planta solo con eso no crece, necesitará agua, sol y tierra fértil. 

Queda añadir que en la mayoría de las tradiciones, el fruto del trabajo espiritual se obtiene después de la muerte. Solo cuando la espiga muere es posible recoger el grano maduro y después hacer el pan; solo obtenemos el fruto de la uva cuando es separada de la viña y, si esta está sana y en su punto, se podrá hacer vino con ella. Para convertirse en pan, antes hay que ser grano; para convertirse en vino, antes hay que haber sido uva. El trigo segado, molido, amasado y horneado; la uva vendimiada, pisada, prensada y fermentada.

Un auténtico y real trabajo espiritual es aquel que procura un crecimiento en Dios. Un crecimiento que, poco a poco, transforma. Ya que nada está apartado de la Vida, sabemos que una semilla no da fruto si no crece, y no crece si no es nutrida. Cuando da fruto, este puede ser cosechado.

A su vez, esa semilla debe encontrar un terreno fértil pues en caso contrario las malas hierbas la matarán o un terreno pedregoso evitará su crecimiento.

Ese terreno fértil es un corazón limpio y en paz que procura el bien y es así como recibe la nutrición y crece.

Saber astrofísica, cábala, química orgánica, historia, mil y una filosofías o conocer el sexo de los ángeles no procuran ningún crecimiento espiritual; e incluso según la disposición individual que cada uno tenga a identificarse fuertemente con sus creencias, estas pueden constituirse en “malas hierbas” que ahoguen el crecimiento real en Dios.

Un ser humano, por el solo hecho de vivir, respirar, comer y estar bajo la luz de sol o las estrellas, recibe la nutrición divina de modo vegetativo y el amor que tengas y te tengan hará el resto, además de no provocar daño ni a ti mismo ni a los demás. Es una forma natural de crecer en Dios a través de la cercanía a Él que procura la siembra del bien.

Es por esto que las doctrinas e ideologías carecen de importancia frente a la acción del bien frente a uno mismo y frente al prójimo. Alguien que tenga creencias simples o mal elaboradas pero que practique el bien, crecerá. Alguien que se haya esforzado en explorar y encontrar todos los saberes y tenga sólidas creencias magníficamente elaboradas, si tiene el corazón duro y no siembra el bien, no crecerá. Es decir, creer en esto o aquello no es relevante; si lo es la siembra del bien y el crecimiento en Dios. Es por eso que ni en Jesús o en Buda se encuentran grandes discursos doctrinales. Hoy sabemos que las doctrinas son elaboradas por los que después construyen en torno a sus enseñanzas una religión; religiones en donde como demuestra la historia, se prima la creencia y la doctrina sobre la acción del bien.

Al margen, de ese crecimiento vegetativo natural que lleva aparejada la siembra del bien de una persona en su entorno vital junto al suave y sutil beneficio del amor, algunas personas, en función de su necesidad de Dios, inician un trabajo espiritual. La diferencia es que en un trabajo espiritual, inscrito en el marco de lo real y viviente, el crecimiento es más directo, efectivo y rápido y precisa de algunos requerimientos, además de la necesidad ya mencionada, como la sinceridad, la ligereza, la intención, el abandono, la disciplina en el trabajo, la paciencia, cierto coraje… En un trabajo espiritual real están presentes la metodología y la garantía de una nutrición adecuada y ajustada al proceso de crecimiento, pero la tierra donde germina y crece la semilla espiritual, es decir, el corazón de cada uno, debe ser cuidado individualmente asegurándose de eliminar las “malas hierbas” y asegurándose también de disponer de una tierra fértil y ligera que absorba la nutrición eliminando las pesadas piedras que ahoguen el crecimiento. Y, como siempre, practicando la siembra del bien, amando y siendo amado, sin dañar y sin dañarse.

Y la prueba es el resultado. Si se dan las condiciones de tierra fértil y de nutrición y el tiempo necesario, habrá crecimiento, flor y fruto. Creencias, doctrinas, filosofías y saberes son útiles para otras cosas, pero para el crecimiento espiritual no son necesarios. Es por eso que un verdadero trabajo espiritual no solicita de nadie que tenga unas u otras creencias, siempre que estas no sean dañinas, solo pide un corazón limpio, maduro y fértil en donde la semilla divina pueda arraigar y crecer una vez que siente la necesidad de Dios y es nutrida.

2 comentarios sobre “TRABAJO ESPIRITUAL Y CRECIMIENTO: LA ESPIRITUALIDAD REAL

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