BENDECIR O MALDECIR

BIENDECIR O MALDECIR

Es muy interesante observar la enorme importancia que en el Antiguo Egipto se le daba al poder de la palabra. Este poder por un lado se refería a su carácter “mágico”, es decir su uso en heka, pero por otro se debía a lo relativo al respeto en su utilización cotidiana. En el Juicio de Osiris un momento muy importante era cuando Thot, señor de la Palabra, declaraba al fallecido como “justo de voz” lo que significaba que su palabra había sido justa y de acuerdo a maat, es decir, quesu palabra nacía del corazón y no del vientre. A eso se le llamaba la “unión de la lengua con el corazón”, al igual que ocurría con la lengua y corazón del neter Ptah.

En el texto Las máximas de Ptahhotep, posiblemente el libro más antiguo del mundo pues data de la V dinastía, este sabio que deja por escrito a las generaciones venideras su sabiduría, otorga al mal uso de la palabra un valor capital, pues la “mala palabra” provoca un gran daño al ka. El ka es herido y debilitado tanto por quien recibe la “maldición”, como también es herido el ka de quien profiere la “maldición”. Este término de “maldición” y, lo vemos en la propia composición de la palabra, significa sencillamente “hablar mal” y, en lo referido a lo cotidiano, hablar mal de otra persona, sobre todo si ese hablar mal obedece a la mala intención. Otro efecto referido a la palabra era referida a la ignorancia, especialmente a la espiritual, es decir, si alguien profería palabras de ignorancia sería responsable del efecto y el daño que su palabra podía producir en el ámbito espiritual, esa ignorancia no le eximía de dar cuentas al respecto el día del Juicio.

Era importante por tanto “guardar la lengua” respecto a hablar sobre lo que no se sabía, pues si esa palabra no estaba ajustada a la verdad de maat se producía una alteración en esa verdad que, no lo olvidemos, estaba asociada al equilibrio y, por tanto, debía equilibrarse de nuevo. La palabra ignorante referida a aquello de “lo que no se sabe” y no ajustada a la verdad pensaban que producía una distorsión en la gran Maat y en la propia maat individual llevando al sujeto al desequilibrio. Recordemos que para los egipcios existía una Verdad objetiva y no opinable; para ellos era verdad que el sol sale por el este o que la sangre humana es roja; del mismo modo ocurre con el resto de las cosas independientemente de que cada cual perciba e interprete el mundo a su modo y manera y así genere su opinión. Obviamente otra forma de “maldecir” era la de la mentira que, además  suele estar cargada de intencionalidad que, o busca el beneficio de quien la dice, o el perjuicio de quien la soporta, o ambos. Esta forma de palabra también procuraba un enorme daño al ka.

Dice Ptahhotep en su libro:

“No repitas un rumor maledicente, no lo escuches, es la manera de expresarse de quien tiene el vientre ardiente… protégete de él”.

“Habla tan solo cuando sepas que aportarás una solución, debe ser un gran artesano el que habla en el consejo; hablar es más difícil que cualquier otro trabajo”.

Ptahhotep dice “artesano” porque se refiere a que la palabra está constituida por una serie de “materiales” que la forman y que un buen artesano debe de conocer, reunir y utilizar de modo positivo y útil. Los materiales de construcción de la palabra han de ser los mismos que los que requiere maat; es decir, la palabra ha de estar formada, y por tanto producir, por orden, equilibrio, justicia, armonía y verdad.

Hoy vivimos una época donde las palabras, no solo han sustituido a los hechos, sino que dichas palabras o bien están “maldiciendo”- se puede hablar mal de cualquiera impunemente- o bien nacen de la ignorancia o la improvisación. Parece que todo el mundo sabe de todo y además cierto tipo de personas sienten la necesidad de que los demás conozcan su opinión, independientemente de que esta esté formada e informada o no lo esté.

Por otro lado, en cambio, tenemos el “bendecir”, el resultado de que la palabra esté asociada a lo bueno y a lo bello y sometida a maat. Esa palabra también estaba vinculada al agradecimiento, al dar las gracias, asociando así el bien a la Gracia. Hubo épocas en las que se le pedía al santo su bendición, es decir, que su “bella y buena palabra” recayera sobre el solicitante siendo esto un factor de nutrición y de fortalecimiento del ka.

Shakespeare, sin duda un iniciado y un hombre de conocimiento, fuese quien fuese la persona que hubiera detrás de ese nombre, nos dejó en su obra aquellos grandes dramas en donde advertía de las distintas formas de sufrimiento del ser humano. En Otelo se muestra de modo magistral que el uso de la palabra como un veneno es capaz de provocar un gran sufrimiento e incluso la muerte por locura. Un veneno que se vierte sobre el oído de alguien que no alcanza a discernir por el efecto de dicho veneno que ya le han inoculado Eso se debe a que el oído, asociado al corazón, no discrimina y en cambio es la mente la que actúa sobre el contenido de lo escuchado y es ella la que opta por aceptarlo o no. La mente de Otelo optó por dar crédito a la palabra de Yago y ya conocemos las consecuencias de esa decisión. La advertencia de Ptahhotep sobre lo que se oye y su paso por el corazón o por la mente y sus contenidos, significa una enorme diferencia a la hora de elegir qué tipo de vida se quiere vivir. La otra opción es decidir qué tipo de palabra utilizamos: las que “maldicen” o las que “bendicen”. 

2 comentarios sobre “BENDECIR O MALDECIR

  1. Me encanta Sebas. Didactico como siempre, me ha aclarado y reforzado la idea que tenía del bendecir .
    Ultimamente se ha puesto de moda bendecir y la gente lo hace a trche y moche.
    Tal vez lo hagan en un sentido fiferente al que expones.
    Muchas gracias.

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