SAN ROQUE, LA OTRA ROCA

Como toda religión vinculada a la Tradición, el cristianismo guarda claves de conocimiento para cuyo acceso se vuelve necesaria una demanda interior que aspire a ir más allá de lo doctrinal y lo emotivo.

Dice el Evangelio de Mateo: “ Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Esta Iglesia sostenida sobre la roca de san Pedro todos sabemos cual es, pero sobre la roca que significa san Roque, allá en la Edad Media, se fraguó otra forma de transmitir la idea de ekklesia. La diferencia es que la primera es estática y la segunda es dinámica. La primera es la del monje en su monasterio y la del templo ubicado en un lugar fijo; la segunda es la de los peregrinos que van al encuentro de la vida sin que el miedo lo impida, que su templo es el mundo y que su sancta sanctorum se encuentra en su corazón. Y ese encuentro con la Vida es como el inicio de una historia de amor en la que no existen condiciones ni “cartas marcadas”.

El peregrino tiene como guía y compañero a las estrellas, siendo la principal Sirio, la estrella-perro, que lo guiará en vida y, si es consciente de ello, también lo hará en la muerte. El pan que le ofrece es el Panis Angelicus, ese alimento referido en el himno compuesto por santo Tomás para celebrar el Corpus Christi y cuya primera estrofa dice: “ El pan angelical se convierte ya en pan de hombres y ese manjar celestial se da en la tierra, ¡cosa admirable! El débil, el pobre y el esclavo pueden alimentarse del Señor”.

Su herida en el muslo da noticia de su condición de débil, de enfermo, pero él inició la vía dando su dinero a los pobres, rompe con el pasado, y sigue su ruta aliviando el sufrimiento de los demás simplemente con su servicio respecto a las vicisitudes del camino. Por otro lado la herida del muslo es la que recibe del ángel cuando lucha, como Jacob, por recibir la bendición de este. La bendición procura el entendimiento de recorrer la vía ligeros de equipaje y es el ángel el que cambia el nombre del que inicia el camino; la historia bíblica nos dice que de Jacob pasó a llamarse Israel. Todo nombre es un vínculo con quien lo ha nombrado; y el que nombra lo hará solo con un nombre que no lleve consigo la identificación con el mundo.

Hermoso simbolismo el de este patrón de peregrinos, de esos que abren su pecho a la Vida, a su propósito y a su inteligencia. Un día antes, María ascendió a los cielos en cuerpo y alma: la asunción. Si ella lo hizo es que es posible; inocencia y pureza totales y aceptación total a la voluntad divina. Por eso la vía es “mariana”; esa pureza y esa aceptación serán primero norte y después fruto del Camino.     

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