LA ASPIRACIÓN

LA ASPIRACIÓN

Un ser humano solo puede aspirar a lo que Dios le ha dado pero que aún no ha tomado de Él. He ahí su libertad y su aspiración entonces no es solo legítima sino que al ser consciente de ella, está “obligado” a tomar ese don y hacerlo efectivo. A veces es bien sabido que a sus criaturas su don no les gusta y prefieren otros más atractivos pero que no están insertos en el “plan de Dios”; de ahí que recibimos no lo que nos gusta sino lo que nos conviene.

Pero el ser humano no puede aspirar a lo que Dios no le ha donado pues en ese caso solo perseguirá una quimera, una ilusión fruto de su consciencia dormida. Esto genera la doble frustración de no alcanzar esa aspiración irrealizable y a la vez no dar curso a su don o dones propios.

Verdaderamente hay dones que son difícilmente perceptibles por su sutileza y que por tanto nunca son vistos ni detectados fácilmente cara al exterior y por ello ni reciben ni aplausos ni reconocimientos. Son los dones que Dios, en su grandeza, adorna con el anonimato. A veces, esos dones son difíciles de detectar incluso para quien los posee, especialmente si ese don no queda definido y catalogado por la mente o está disociado de la sensorialidad.

¿Y dónde quedan la voluntad y el esfuerzo? Se puede poner toda la voluntad en arar el mar y todo el esfuerzo en contar la arena del desierto, pero voluntad, esfuerzo y otros grandes valores de este tipo son solo operativos allí donde son útiles.

Y al final aparece siempre la misma pregunta ¿qué es útil ?, ¿ lo que pertenece a la Vida?, ¿lo que alimenta, nutre y hace crecer? ¿lo que el bien procura? ¿lo que porta paz y alegría? La respuesta a estas preguntas significa un posicionamiento: saber dónde se está, saber lo que se quiere.

¿Y el legítimo deseo de alcanzar el triunfo? , queda preguntarse también si los que han logrado el “triunfo” lo deben a la voluntad de Dios o están bajo la fantasía de que lo han conseguido con sus propios esfuerzos o méritos. Dice el Corán en 6:59  que “no cae una sola hoja sin que Él no lo sepa”.

 Si leemos en el diccionario la palabra triunfar nos dice que es “ganar o conseguir la victoria en una lucha o competición”, también “conseguir los objetivos propuestos”.

Surgen preguntas: ¿ sin lucha, sin competición, no hay triunfo?, ¿competir, luchar, con quién o contra qué? , ¿ y si no quiero luchar? ¿y si mi lucha es ya solamente aquella que aparezca en mi camino del encuentro con Dios?, ¿ y si no quiero ya otra lucha que no sea esa?, ¿y si otras luchas me entorpecen y distraen?

¿Y qué triunfo? , ¿qué objetivos propuestos? ¿ese íntimo que representa vivir la vida de acuerdo con unos valores y en la paz de un corazón limpio que implora encontrarse con Dios?, ¿o ese tipo triunfo que ha de ser visible y perceptible para los demás y que lleva asociado el reconocimiento del mundo y la recompensa que ofrece?

A la recompensa del mundo se añaden las recompensas del “ego”: vanagloria, engreimiento, autocomplacencia, vanitas vanitatis.

Solo Él sabe. Solo Él da y quita.

Para conocer los dones con los que Dios adorna a sus criaturas se decía que siempre estaban rodeados de nobleza como señal distintiva; si no era así, solo se debía a una ilusión con la que el “señor del mundo” engañaba a los que caían en su trampa.

Alguien que ya está en la Vía abandona toda búsqueda anterior y penetra en el encuentro y su significado. Cuando Dios va llenando el corazón con su recuerdo y presencia desaparecen la búsqueda, el ansia y la aspiración que no sea aquella que llevará al fiel al encuentro con Él.

Es entonces cuando se le da al mundo solo lo que es del mundo. Y a Dios todo lo que es de Dios.

Un comentario sobre “LA ASPIRACIÓN

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s