LOS MAESTROS:MEMORIA, RECUERDO Y PRESENTE

MAESTROS: MEMORIA, RECUERDO Y PRESENTE

Si atendemos a las enseñanzas de los más grandes maestros espirituales y las consideramos desde la perspectiva de que muestran la evolución colectiva del ser humano fruto de la comprensión e integración de las enseñanzas y trabajo espiritual de los maestros que los precedieron, podemos adquirir conciencia del significado de aquello que representó un avance en el proceso evolutivo colectivo e individual de la humanidad.

Ya los egipcios mostraron una diferencia entre memoria y recuerdo. La memoria la identificaron con el papiro y esa memoria sensorial adquirida en la vida se “grababa” en la piel la más superficial y en el tejido pulmonar la más profunda. El recuerdo se asociaba al perfume, especialmente el loto, y por tanto al olfato y al corazón. De este modo la memoria, papiro, estaba vinculada al mundo y el recuerdo, loto, a los neteru y al recuerdo de nuestro origen divino que actúa como impulsor espiritual.

Fruto del trabajo espiritual acumulado por los distintos maestros resultó el poder dejar atrás el peso del pasado sin que este resultase ningún límite ni determinante ni condicionante.

El señor Buda (aprox. 600 años a.d.C.), puso en marcha a partir de su propio logro espiritual la “rueda del dharma” como una puerta abierta a todos. En el contexto cultural e ideológico en que nació estaba presente la idea de la “rueda del karma” asociada a la de la reencarnación nacida en coherencia al perverso sistema de castas. El señor Buda abolió el factor determinante e incluso condicionante del karma en tanto un individuo optara libremente por seguir la senda abierta por él. Recordemos que en esa senda se abría la posibilidad de acabar con el sufrimiento, quedar al margen de la rueda del karma, entrar en la rueda del dharma y alcanzar la iluminación y la liberación de la ilusión de maya.

Este fue el don de la iluminación de Buda. Abrió la puerta a una posibilidad gigantesca.

Jesús de Nazaret, 600 años después fue más lejos. En el contexto ideológico judaico en el que él vivió, un niño al nacer lo hacía portando el “pecado original”, un pecado heredado del que no era responsable. El bautismo cristiano instaurado por él significó el “lavado” de dicho pecado con el fin de que el recién llegado al mundo lo hiciese ya libre de ataduras condicionantes, ni kármicas, ni pecaminosas: solo la inocencia. Su efecto significaba precisamente partir de un sin pasado y representó otra nueva puerta abierta a todos. El bautismo permite la posibilidad de seguir la vida desde la senda de la inocencia o de caer en el pecado como una opción del presente que se vive pero sin cargas condicionantes previas: el ser humano opta en libertad y elige. Fruto de su trabajo espiritual Jesús “borra” el pasado de la Humanidad: la redime de sus pecados. Como inicio de un nuevo ciclo, Dios envía al Espíritu Santo. Todo el mundo puede partir espiritualmente del “punto cero” de la inocencia y de disponer de la Gracia.

Este fue el don de la Gracia concedida por Cristo por medio del Espíritu Santo.

Más o menos otros 600 años después, el Profeta fue más lejos aún: no hay ningún pecado original previo, la responsabilidad del ser humano es total y en su vida no interviene nada que pueda relacionarse ni con un pasado ni vinculante ni condicionante, tampoco hay intermediarios ni necesidad de objetos sacros, ni de ídolos: la sacralidad está en él, en su corazón. Por un lado está lo designado por Dios en su infinita sabiduría que escapa a la comprensión humana, por otro lado, sus actos, palabras y pensamientos de los que es responsable. Según el Corán la naturaleza humana no es pecaminosa y es precisamente el ejercicio de su libertad en cuanto a actos, palabras y pensamientos, lo que representa su plena responsabilidad frente a Dios. Así mismo declara que el ser humano no carga con la culpa de nadie. Su responsabilidad es total, no hay nada ni nadie a donde derivarla y menos al pasado.

Este fue el don del “Sello de la Profecía”. El ser humano y Dios, solo Creador y criatura; sin intermediarios, sin ídolos, sin supersticiones, sin pasado, sin condicionantes.

Tal vez ahora dentro de la propia dinámica y avances en el movimiento evolutivo propiciado por esos grandes maestros y por muchos otros anónimos que con su acceso a la iluminación, a la Gracia, o a como queramos llamarlo, han puesto su propia luz en este camino, sea el momento de asentar esta premisa de “sin pasado” en la mayor cantidad de conciencias posibles con el objetivo de que pueda convertirse en el basamento para lograr una consciencia, primero individual y luego colectiva, que pueda desprenderse del peso de la memoria del yo y del mundo que carga la sangre y que así le sea más fácil el acceso al recuerdo del Ser anclado en la inocencia.

Y esto es más urgente sobre todo si ese pasado condicionante se transforma en una excusa o limitación. Además, por la propia naturaleza consecutiva de la vida, no es posible volver al pasado ni actuar allí. 

Nuestra identificación parte de la acción de la memoria: soy de tal lugar, he hecho esto y aquello, pienso de esta manera… si la primera identificación de la consciencia se ata al cuerpo y su imagen, después esa consciencia se ata a la memoria biográfica en la que se graban experiencias, deseos, temores, creencias, etc… Sin embargo, tapado, oculto detrás de toda la vorágine existencial, aparece el Ser que, por su propia naturaleza carece ni de memoria- solo ES– ni de pasado. ES solo Presencia, y la Presencia únicamente habita en el presente.

Ya la carga de la memoria de la vida que vivimos- ¿ o nos vive?- ya es pesada y esa memoria nos hace ir una y otra vez al pasado que construyó nuestra biografía, si a esto además le ponemos el peso de unas hipotéticas memorias o culpas heredadas anteriores, las cadenas resultantes las convertiremos en irrompibles. Cadenas que Buda, Jesús o Mahoma sí eliminaron para que la humanidad creciese y avanzase más rápidamente y con menor carga y sufrimiento.  Solo nos queda el profundo agradecimiento a su maestría y función. Por mi parte aprovecho para mostrar mi más profundo agradecimiento a quien fue mi Maestro. Honro su recuerdo siempre Presente.

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