EL GUERRERO ESPIRITUAL Y EL RESCATE DE LA INOCENCIA

Este escrito ha sido sugerido por mi amigo J.

Una de las grandes metáforas usadas en la Vía es la del “guerrero espiritual”. Dentro del mito caballeresco cristiano, el caballero inicia su aventura en la que ha de liberar a la dama, una doncella, de las cadenas del dragón: es el rescate de la inocencia. Un mito similar lo tenemos en el sufismo de donde bebe la tradición caballeresca cristiana. Ibn Arabí desarrolla la idea de la yihad señalando que no se refiere a una lucha contra nadie si no a una lucha consigo mismo; el objetivo: lograr la libertad. Ese rescate de la inocencia tiene que ver, por tanto, con la conquista de la libertad, ambas van unidas.

La idea sobre la que descansan estas metáforas es que en la naturaleza humana se libra una batalla, la conquista a obtener es el alma-corazón a veces simbolizado por el vaso del grial. Los contendientes son por un lado la naturaleza animal genética, que los sufíes llaman tab, que a su vez se alía con el más poderoso yo egoico que los sufíes llaman nafs. Por otro lado está el Espíritu que manda a un caballero al combate. En este relato, el alma-corazón está secuestrada, encadenada, por esos poderosos amos que la esclavizan. Cuando el alma, simbolizada por la doncella-inocencia, toma conciencia de su esclavitud, de que está en manos de sus amos, empieza a rebelarse y a clamar por su libertad. Es entonces cuando se pone en marcha el caballero, este dispone de la espada de la fe y de la justicia frente a sí mismo, del escudo de la oración y los votos que le protegen y de su fiel caballo que representa su voluntad, coraje  y resistencia. Y, sobre todo, le mueve el Amor; el guerrero solo responde a la voluntad del Espíritu Santo que le guía y solo se rinde ante la fuerza incontenible del Amor que provoca la inocencia.

El patrón del caballero es san Jorge, el Maestro que enseña a romper las cadenas para liberar al alma de su cautividad. Pero el combate es intenso y duradero pero, poco a poco, el Espíritu Santo, el señor a quien sirve el caballero va impregnando el alma que, a medida que crece por el alimento del espíritu, más ansía su libertad. Mientras, el nafs, ese yo egoico, no va a dejar que su presa quede libre fácilmente. Si el diablo tentó al mismo Jesucristo, el nafs buscará cada vez formas más sutiles para tentar al alma y que esta no solo ignore que está encadenada, sino que incluso esté complacida en su prisión. Tal es el poder de las ilusiones capaz de realizar el señor del mundo.

Queda por decir que ese caballero nace y actúa en tanto el alma toma conciencia de estar encadenada: significa un enorme paso interior el tomar consciencia de cómo el nafs, con todo su despliegue de promesas e ilusiones, ha tenido retenida al alma que, por su naturaleza, antes o después aspirará a volver a su señor: el Amado. El objetivo y poder del nafs ha sido siempre tenerla adormecida bajo sus ilusiones y que no repare en su prisión.

Sin embargo hay un momento en que el nafs empieza a perder la batalla, cada día, cada hora, cada minuto, tiene un ápice de poder menos; sabe que aún lo tiene pero que antes o después lo perderá. La inocencia ha crecido y ahora aspira al encuentro con el Amor que la liberará. Así, el caballero rescatará a la princesa, a la inocencia: el nafs  no puede derrotar a la fuerza del Amor. La doncella suspira por ser liberada y por el Amor de su liberador, su Amante; el caballero enamorado suspira por la belleza e inocencia de la Amada.

Y es entonces cuando se produce un hecho maravilloso y resulta cuando la doncella rescatada, la inocencia, rescata también a su opresor y lo lleva junto a ella hasta el Espíritu. De este modo ese nafs y esa tab, ya amansados por el Amor de la inocencia que tenían retenida se transforman y se integran en el alma. El rescate se ha producido y el alma pertenece ya entera al Espíritu.

El guerrero ha terminado su trabajo. Él es el resumen de la virtud en acción, del servicio en acción. También entonces comprende que él ha sido formado por el Espíritu a partir de las partes más elevadas del alma, las virtudes, esas partes que habían despertado y ya no estaban bajo el dominio ni de la naturaleza genética ni del yo-ego. Por tanto él es una parte del alma que lo formó; el alma es pues triple: es dama, es caballero y es Espíritu. El alma ya no está dividida en una parte inocente y esclavizada y en otra que una vez sirvió al  nafs hasta que se rebeló y se convirtió en caballero del Espíritu para, precisamente con las virtudes del alma, liberar al alma. Así aparecen luego en los relatos los esponsales, las bodas entre Amada y Amante, entre dama y caballero, y  esa Unión la celebra el Espíritu Santo.

En los cuentos, los caballeros del grial fueron antes señores de la guerra que usaban sus armas y su brazo para luchar en el mundo para el señor del mundo.  Pero un día se rebelan, se dan cuenta que ya no desean servir al mundo ni a su señor y entonces son tocados por el Espíritu y deciden servir al grial, a su corazón que pertenece a Dios y rescatar a la doncella, la inocencia que Él ama.

Los caballeros que ya han encontrado el grial saben su trabajo: vaciarlo de todo lo que no es Dios, purificarlo, alinearlo con la Fuente de la Gracia y esperar a que poco a poco se llene. Ese es el servicio a Dios, al Espíritu Santo y a su jefe san Jorge y así solo aspiran a rescatar, proteger y servir a la inocencia, aquello en nosotros que Dios reconoce y ama.

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